Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Señor Doctor,
no sé por que insisten
que venga donde usted a verlo,
si yo, no alucino, simplemente, sueño despierto.
No! No me obligue a recostarme en el diván,
que conversar pasivamente con usted,
no me ayudará en nada.
Prefiero escribir sobre papel mis penas
antes de desnudar frente usted, mi alma.
No, no sé por que insisten,
si no hay mejor catarsis
que estrellar fuertemente
mis nudillos en la pared,
o enviar al carajo a cualquier
que me venga con mierdas
(empezando por usted).
No es pecado, inventarla en acuarelas,
o en esa unión de letras sobre papel en blanco
mojado con par de lágrimas.
No es ilegal, amarla tanto,
ni ilógico que me duela hasta los huesos,
a ver sus rincones llenos del vacío
que dejó al cruzar la puerta.
Que le importa a usted,
si la lloro o la maldigo,
si de veinticuatro horas del día,
ella ocupa veintiséis en mi mente,
si prefiero pensarla antes de permanecer dormido,
si guardo ayuno como penitencia por haberla perdido.
No, no señor, no necesito de usted,
no necesito que me haga saber,
que lo que tengo es una obsesión,
eso ya lo sé.
Lo que necesito es tiempo,
cansarme de pensar en ella,
de lo que fue, de lo que fui, de lo que fuimos
hasta resignarme y aceptar ahora,
lo que ella es, lo que yo soy, lo que somos
hasta aprender a cargar con su recuerdo
en la maleta de mi pasado.
No, doctor, no me refiera a su siquiatra,
por que hasta donde tengo entendido,
no existe ninguna píldora para el mal de amor.
no sé por que insisten
que venga donde usted a verlo,
si yo, no alucino, simplemente, sueño despierto.
No! No me obligue a recostarme en el diván,
que conversar pasivamente con usted,
no me ayudará en nada.
Prefiero escribir sobre papel mis penas
antes de desnudar frente usted, mi alma.
No, no sé por que insisten,
si no hay mejor catarsis
que estrellar fuertemente
mis nudillos en la pared,
o enviar al carajo a cualquier
que me venga con mierdas
(empezando por usted).
No es pecado, inventarla en acuarelas,
o en esa unión de letras sobre papel en blanco
mojado con par de lágrimas.
No es ilegal, amarla tanto,
ni ilógico que me duela hasta los huesos,
a ver sus rincones llenos del vacío
que dejó al cruzar la puerta.
Que le importa a usted,
si la lloro o la maldigo,
si de veinticuatro horas del día,
ella ocupa veintiséis en mi mente,
si prefiero pensarla antes de permanecer dormido,
si guardo ayuno como penitencia por haberla perdido.
No, no señor, no necesito de usted,
no necesito que me haga saber,
que lo que tengo es una obsesión,
eso ya lo sé.
Lo que necesito es tiempo,
cansarme de pensar en ella,
de lo que fue, de lo que fui, de lo que fuimos
hasta resignarme y aceptar ahora,
lo que ella es, lo que yo soy, lo que somos
hasta aprender a cargar con su recuerdo
en la maleta de mi pasado.
No, doctor, no me refiera a su siquiatra,
por que hasta donde tengo entendido,
no existe ninguna píldora para el mal de amor.