Supremo - extraído de una recopilación propia

Huber Cuevas

Poeta recién llegado
Ya he adorado cada parte del árbol,
En su integridad,
Pero me elevo un poco alejado de la copa,
Y noto colores nunca antes vistos.

Un aura dorada,
Plateada,
Violácea, un árbol desprende,
Aunque normalmente se apeguen a los rojizos.

Este que veo no es cualquiera,
Es uno que brilla en la lluvia,
Uno que aprecio más allá de que sea un árbol,
Es un ente mágico, que me guiará lejos.

Me lleva otra vez,
A abandonar las investiduras que llevo,
Muere mi parte terrenal,
Salgo del pozo mental, científico, artístico, físico.

Vuelo adónde nunca lo he hecho,
Noto al Dios del fin,
Y me sonríe,
Todo volverá a empezar, te lo prometo.

La tristeza me inunda a escuchar palabras
Palabras de destrucción,
Pero me aclara,
Que nada les pasará a los hijos que habitan allí.

Solo se moverán como yo lo había hecho recientemente,
Y las maldades serán acabadas,
Y se vestirá con los restos de los que pasaron,
Pero él en sí, no es con quien me importa ir.

Tengo planes con el majestuoso dorado,
Que cabalga en los días de luz,
Que me lleva a llamarlo Supremo,
Por encima de aquellos árboles, ahora solitarios.

Un bosque de conocimiento él es para mí,
Y yo, un árbol más soy para él,
Aunque vivo sin rencores, sin desigualdad,
Puedo contemplar la cara de lo Supremo por fin.

No sé quién es él,
Solo sé su apariencia, solo él sabe como voy a verlo… Lo supremo, lejos…
 
Ya he adorado cada parte del árbol,
En su integridad,
Pero me elevo un poco alejado de la copa,
Y noto colores nunca antes vistos.

Un aura dorada,
Plateada,
Violácea, un árbol desprende,
Aunque normalmente se apeguen a los rojizos.

Este que veo no es cualquiera,
Es uno que brilla en la lluvia,
Uno que aprecio más allá de que sea un árbol,
Es un ente mágico, que me guiará lejos.

Me lleva otra vez,
A abandonar las investiduras que llevo,
Muere mi parte terrenal,
Salgo del pozo mental, científico, artístico, físico.

Vuelo adónde nunca lo he hecho,
Noto al Dios del fin,
Y me sonríe,
Todo volverá a empezar, te lo prometo.

La tristeza me inunda a escuchar palabras
Palabras de destrucción,
Pero me aclara,
Que nada les pasará a los hijos que habitan allí.

Solo se moverán como yo lo había hecho recientemente,
Y las maldades serán acabadas,
Y se vestirá con los restos de los que pasaron,
Pero él en sí, no es con quien me importa ir.

Tengo planes con el majestuoso dorado,
Que cabalga en los días de luz,
Que me lleva a llamarlo Supremo,
Por encima de aquellos árboles, ahora solitarios.

Un bosque de conocimiento él es para mí,
Y yo, un árbol más soy para él,
Aunque vivo sin rencores, sin desigualdad,
Puedo contemplar la cara de lo Supremo por fin.

No sé quién es él,
Solo sé su apariencia, solo él sabe como voy a verlo… Lo supremo, lejos…
aquello parece desvanecerse en el infinito, tal vez en lo lozano, pero jamás lejano, grato leerle
 

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