kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL BAR SANATORIO DE LAS ALMAS PISADAS
Hoy me siento melancólico,
mi paso es plúmbeo, transido,
me entretienen las baldosas
con sus formas resignadas
por tacones y alpargatas.
Las hay sucias y quebradas,
supongo que no aguantaron
tanto humano taciturno
tanta historia desdichada,
no soportaron la pena
y partieron en pedazos
su alma pisada,
su alma de piedra.
Un conductor me berrea
por mi impávida presencia
en pleno paso de cebra:
debía pisar solo las bandas blancas
y a la mitad me las encontré borradas...
Continúo mi paseo preocupado
siento mi ánimo embaldosado
traqueteado sin piedad,
y lo peor es la ansiedad
por recuperar el garbo.
Mis pasos de buey cansado
tallan un reguero helado
de tristeza eutrofizada,
es mi fría alma encharcada
que tendida en mis huesos
reclama una primavera
y la mariposa de tus besos.
¿Existirán vitaminas
contra la insidiosa rutina?
¡Maldita seas!
que secuestras mi risa
y truecas mis ojos
por canicas de cristal.
¡Maldita seas!
que proyectas
las cenizas del volcán
de mi obsesivo terrario
anegando con un gris total
mi atrezo diario.
Llego al hospital
donde secan las almas en el tendal.
Le pido al Fochi, mi médico personal,
que me ponga su jazz años cincuenta
y una copa cargada
de ron especial.
El tratamiento lo complementan
un equipo de psicólogos:
un médico jubilado
un mecánico poeta
y un ejecutivo frustrado.
También Juan, una buena persona,
al que una espina clavada
por una rosa desalmada
le dejó de por vida callado.
Son mis amigos del hospital
que me amueblan el terrario
cuando me siento, como hoy, fatal.
Salgo curado... demasiado animado
¿a ver si va a ser el ron de caña?
Un chico alterado pasa a mi lado
zarandeando su móvil con saña:
¡Teresa!, tenemos que convivir
aunque solo sea por la pequeña...
Me recibe una marea de luces
verdes, rojas y amarillas,
pasa llorando una ambulancia
y un viejo entre sus cartones
descarga su incontinencia
insultando al Papa y sus bendiciones.
Y la lluvia arrecia
Al llegar al paso de peatones...
¡no me jodas!
¿y el paso de cebra?
Se lo tragó hace un rato el sumidero,
me comenta un gitano chatarrero.
He de volver al hospital,
¡rápido!
que no estoy preparado,
aún
para enfrentarme
a esta locura terrenal.
Kalkbadan, diciembre 2010
Hoy me siento melancólico,
mi paso es plúmbeo, transido,
me entretienen las baldosas
con sus formas resignadas
por tacones y alpargatas.
Las hay sucias y quebradas,
supongo que no aguantaron
tanto humano taciturno
tanta historia desdichada,
no soportaron la pena
y partieron en pedazos
su alma pisada,
su alma de piedra.
Un conductor me berrea
por mi impávida presencia
en pleno paso de cebra:
debía pisar solo las bandas blancas
y a la mitad me las encontré borradas...
Continúo mi paseo preocupado
siento mi ánimo embaldosado
traqueteado sin piedad,
y lo peor es la ansiedad
por recuperar el garbo.
Mis pasos de buey cansado
tallan un reguero helado
de tristeza eutrofizada,
es mi fría alma encharcada
que tendida en mis huesos
reclama una primavera
y la mariposa de tus besos.
¿Existirán vitaminas
contra la insidiosa rutina?
¡Maldita seas!
que secuestras mi risa
y truecas mis ojos
por canicas de cristal.
¡Maldita seas!
que proyectas
las cenizas del volcán
de mi obsesivo terrario
anegando con un gris total
mi atrezo diario.
Llego al hospital
donde secan las almas en el tendal.
Le pido al Fochi, mi médico personal,
que me ponga su jazz años cincuenta
y una copa cargada
de ron especial.
El tratamiento lo complementan
un equipo de psicólogos:
un médico jubilado
un mecánico poeta
y un ejecutivo frustrado.
También Juan, una buena persona,
al que una espina clavada
por una rosa desalmada
le dejó de por vida callado.
Son mis amigos del hospital
que me amueblan el terrario
cuando me siento, como hoy, fatal.
Salgo curado... demasiado animado
¿a ver si va a ser el ron de caña?
Un chico alterado pasa a mi lado
zarandeando su móvil con saña:
¡Teresa!, tenemos que convivir
aunque solo sea por la pequeña...
Me recibe una marea de luces
verdes, rojas y amarillas,
pasa llorando una ambulancia
y un viejo entre sus cartones
descarga su incontinencia
insultando al Papa y sus bendiciones.
Y la lluvia arrecia
Al llegar al paso de peatones...
¡no me jodas!
¿y el paso de cebra?
Se lo tragó hace un rato el sumidero,
me comenta un gitano chatarrero.
He de volver al hospital,
¡rápido!
que no estoy preparado,
aún
para enfrentarme
a esta locura terrenal.
Kalkbadan, diciembre 2010
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