RUSO
Poeta adicto al portal
¡Oh, mujer, hundida en los secretos de mis noches!
tú haces que caminen mis sueños
por entre todas las muertes
y haces que se extravien mis tristezas
por un laberinto desmemoriado
¡Oh, hoja mía, que al plasmarte ante mis ojos
como un pintor
no consigo más que embellecerte
y tu belleza revoluciona el verde
paisaje que mueve mis edades
¡Oh, sangre de mi sangre!
¿recuerdas nuestro pacto acerca de envejecer juntos?
pero si tú me abandonas
yo moriría en mi silencio
y a ti te llevaría en mi último suspiro
¡Oh, ángel vestida de luto!
que sufres cuando mi ausencia te golpea
y te confundes con el atardecer melancólico.
Yo sé que tus ojos
no cavilan en dejar de buscarme
al igual que sé que tu soledad
la sacian tus dedos enamorados
dibujando mi espectro
¡Oh, mujer, apacible como una mañana azul!
tu armonía se eleva como una fantasía
sobre mis poemas que ansían beberte
y tu risa
como un eco de siglos
por el universo se hace escuchar
¡Oh, mujer, bálsamo de todos mis dolores!
eres la única que advierte mis amarguras
y sólo tus besos retienen mi llanto
¡Oh, vida, sueño, perpetuamente amor!
tus ojos me reconocen como al sol
desde que tus manos empuñaron mi alma
y la elevaron por los cielos
como la llama de un fuego enardecido
¡Oh, mujer, prodiga como un soplo divino!
tú deambulas por mi cuarto
desnuda
y yo no sé si te has precipitado del cielo
y yo te hago mía
y tú terminas por acariciarme
como el viento al sol...
tú haces que caminen mis sueños
por entre todas las muertes
y haces que se extravien mis tristezas
por un laberinto desmemoriado
¡Oh, hoja mía, que al plasmarte ante mis ojos
como un pintor
no consigo más que embellecerte
y tu belleza revoluciona el verde
paisaje que mueve mis edades
¡Oh, sangre de mi sangre!
¿recuerdas nuestro pacto acerca de envejecer juntos?
pero si tú me abandonas
yo moriría en mi silencio
y a ti te llevaría en mi último suspiro
¡Oh, ángel vestida de luto!
que sufres cuando mi ausencia te golpea
y te confundes con el atardecer melancólico.
Yo sé que tus ojos
no cavilan en dejar de buscarme
al igual que sé que tu soledad
la sacian tus dedos enamorados
dibujando mi espectro
¡Oh, mujer, apacible como una mañana azul!
tu armonía se eleva como una fantasía
sobre mis poemas que ansían beberte
y tu risa
como un eco de siglos
por el universo se hace escuchar
¡Oh, mujer, bálsamo de todos mis dolores!
eres la única que advierte mis amarguras
y sólo tus besos retienen mi llanto
¡Oh, vida, sueño, perpetuamente amor!
tus ojos me reconocen como al sol
desde que tus manos empuñaron mi alma
y la elevaron por los cielos
como la llama de un fuego enardecido
¡Oh, mujer, prodiga como un soplo divino!
tú deambulas por mi cuarto
desnuda
y yo no sé si te has precipitado del cielo
y yo te hago mía
y tú terminas por acariciarme
como el viento al sol...
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