Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
El quería que mi cuerpo
fuera su guitarra,
por eso, le entregué
la curvatura de mi cintura
y el orificio de mi ombligo,
para que con sus hábiles manos
arrancara de mí, melodías.
Recorría toda mi piel,
en busca de los mejores acordes
mientras yo afinaba mi voz.
Escribimos una nueva canción,
al filo del amanecer,
en el silencio de la habitación,
retumbaba el eco de los gemidos en clave de Sol,
respiraciones a cuatro tiempos,
dos cuerpos al compás,
haciendo el amor.
Llegó la luz y con ella el silencio.
El se marchó, quedando la guitarra sola en la cama
junto al pentagrama con sed infinita
de añadir más y más notas.
fuera su guitarra,
por eso, le entregué
la curvatura de mi cintura
y el orificio de mi ombligo,
para que con sus hábiles manos
arrancara de mí, melodías.
Recorría toda mi piel,
en busca de los mejores acordes
mientras yo afinaba mi voz.
Escribimos una nueva canción,
al filo del amanecer,
en el silencio de la habitación,
retumbaba el eco de los gemidos en clave de Sol,
respiraciones a cuatro tiempos,
dos cuerpos al compás,
haciendo el amor.
Llegó la luz y con ella el silencio.
El se marchó, quedando la guitarra sola en la cama
junto al pentagrama con sed infinita
de añadir más y más notas.