DAMAMISTERIOSA
Borracha Reconocida
Noche turbia de ciudades histéricas sin historia.
Nublas la mirada de aquella que creyendo ser
el ave más hermosa y de alas blancas
descubrió su reflejo en el charco de orín
de una esquina, cruzando la avenida.
He visto hombres hambrientos de poder
y mujeres ambicionar la belleza
que ni Dalí con su Gala podría haber creado.
Y he visto al infierno unirse con el cielo
diagramando la falsedad y el cliché
de la portada matinal.
Descubrí corazones muriendo
bajo el cáncer de la indiferencia.
Vi bajo el velo del amor entregado,
la mentira que sabe a banquete
de dioses de latón y aserrín.
Yo sé que me quieres esbelta,
yo sé que me quieres siendo yo,
pero de 1.80, rubia y soltera.
Mi compromiso no está en la cocina,
mi compromiso yace en un mundo
cegado por la ambición y la opulencia.
Mi rebeldía de zapatillas viejas
no encaja con tu estupidez
de feminidad, arete y perla.
Me detestas por darle la espalda
a tu nombre bonito
y abrirle los ojos estrellados
a un Van Gogh sin oreja
y una Plath suicida.
Soy la estadística de los noventa,
de los sesenta,
y de los siguientes noventa,
a quienes luce mejor amar.
Pero soy yo quien respira.
Nublas la mirada de aquella que creyendo ser
el ave más hermosa y de alas blancas
descubrió su reflejo en el charco de orín
de una esquina, cruzando la avenida.
He visto hombres hambrientos de poder
y mujeres ambicionar la belleza
que ni Dalí con su Gala podría haber creado.
Y he visto al infierno unirse con el cielo
diagramando la falsedad y el cliché
de la portada matinal.
Descubrí corazones muriendo
bajo el cáncer de la indiferencia.
Vi bajo el velo del amor entregado,
la mentira que sabe a banquete
de dioses de latón y aserrín.
Yo sé que me quieres esbelta,
yo sé que me quieres siendo yo,
pero de 1.80, rubia y soltera.
Mi compromiso no está en la cocina,
mi compromiso yace en un mundo
cegado por la ambición y la opulencia.
Mi rebeldía de zapatillas viejas
no encaja con tu estupidez
de feminidad, arete y perla.
Me detestas por darle la espalda
a tu nombre bonito
y abrirle los ojos estrellados
a un Van Gogh sin oreja
y una Plath suicida.
Soy la estadística de los noventa,
de los sesenta,
y de los siguientes noventa,
a quienes luce mejor amar.
Pero soy yo quien respira.