Hellen Cristy
Poeta adicto al portal
Impulsivamente tomé un bolígrafo y una hoja
unos versos de repente escribir Intenté
que como torrentes se acercaban a mi mente
tratando plasmar en papel lo que mi sentido creaba
Eran tantas las ideas que descifrarlas no lograba
pero mi mano se movía al ritmo de los pensamientos
iba poco a poco desarrollando el texto, lo plasmaba
desglosando despacio los encontrados sentimientos
Comencé a describir con mis letras una roja rosa
grande, hermosa, con olor suave, indescriptible
su tamaño y color eran celestiales, tan increíbles
que la rosa parecía envolver de amor la suave brisa
Comparé la rosa con los sentimientos más sublimes
era de un rojo intenso que se parece al color del amor
destellando misteriosos centelleos indescriptibles
ofreciendo siluetas de ternuras con su mágico olor
A su imagen sublime se agregaba luz tenue, cálida
escudriñando mis pensamientos la rosa comparé
con la vida misma, con la esencia natural del ser
pareciendo activar y dotar a la hermosa rosa de vida
Imaginé tomar en mis manos tan excelso personaje
acercándola a mí, toqué sus suaves y delicados pétalos
percibiendo que tenía carácter, personalidad, coraje
pudiendo sentir a la vez su fragilidad entre mis dedos
Sus pétalos unidos entre si por un mágico magnetismo
hicieron que reflexionara sobre los cuidados que necesitaba
para prolongar su vida evitando se tornara mustia, marchita
aquel botón de rosa sublime de gracia infinita y bendita
Necesitaba aire, agua, ternura, cuidados, calor
lo mismo que necesitamos los seres para vivir
que nos cuiden suministrándonos mucho amor
para alegrar nuestras vidas, durante nuestro existir
Y tomé la rosa proporcionándole lo que necesitaba
rodeándola no solo de cuidados, de cariño la colmé
la llené de besos, la comprendí, sin límites la amé
tornándose reciproco todo lo que le brindaba
La rosa y yo convivimos en un mundo imaginario
tácito, virtualmente inventado en mis sentidos
creando nuestro universo maravilloso, legendario
dejándonos la sensación feliz de habernos conocido
Ella tenía su tiempo de vida y llego el momento
en que debía partir como todo ser vivo, natural
deshojándose su pétalos mustios lentamente
mi rosa lánguidamente se fue apagando, despidiendo
Dejando caer su humilde agradecimiento con fervor
colmando el espacio del lecho en que se moría
acariciándola, pude observar con lágrimas como caían
enrojecidos y apasionados bellos pétalos de amor
Los recolecté delicadamente dándoles vida uno a uno
otorgándoles belleza, imaginación, convirtiéndolas en tesoro
transfiguré esos pétalos marchitos en activos versos con color
formando increíblemente de mi puño y letra un libro
al que he titulado en honor a mi fiel rosa ¡Cien Pétalos de Amor!
Hellen Cristy
10-10-2006