Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Qué sollozo tan inmenso es el sollozo del mar!
Amado Nervo.
Amado Nervo.
Son de esas noches, amor
en las que el narciso de tu voz ausente
viene a dolerme en las costillas,
y me quiebro en tu recuerdo
invadida por la lluvia
del más grande sueño que ha mutado.
Te veo tras esa luna inmóvil
que no me sonríe, pero late,
buscando una alondra
que nos bendiga con el agua del regreso.
Sé que no estás
pero siempre serás el oleaje
que haga brotar margaritas en mi boca,
la promesa arrodillada sobre los pétalos de mis pechos.
Me seguirás doliendo
como duele un jardín muerto.
Y seguiré amaneciendo
con los ojos llenos de ti,
con un deseo inconmensurable
de encender primaveras eternas en tu cuerpo.