DIVINA SOLEDAD.
Desde la mitad del crepúsculo
Venido desde tu silencio,
mi corazón errante emprende el vuelo
hasta la depresión infinita de tus ojos.
Encubierta en diademas y caracolas
te naces doblada en maromas de lluvia,
con el torso ovillado en dos tarde iguales
aferrada al espejismos de mis manos.
Tienes abedules mojados en tus cabellos de lira
Y es allí donde el mirlo se desvela
cuando la luna se desprende de sus atavíos
en un arcón de blanqueadas maderas.
Desde el vuelo sideral de las hojas otoñales
arrastradas por la brisa púrpura,
siempre regresas con las mieses de la aurora
a besar la divina soledad de mis palabras.
EBAN
Venido desde tu silencio,
mi corazón errante emprende el vuelo
hasta la depresión infinita de tus ojos.
Encubierta en diademas y caracolas
te naces doblada en maromas de lluvia,
con el torso ovillado en dos tarde iguales
aferrada al espejismos de mis manos.
Tienes abedules mojados en tus cabellos de lira
Y es allí donde el mirlo se desvela
cuando la luna se desprende de sus atavíos
en un arcón de blanqueadas maderas.
Desde el vuelo sideral de las hojas otoñales
arrastradas por la brisa púrpura,
siempre regresas con las mieses de la aurora
a besar la divina soledad de mis palabras.
EBAN
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