RUSO
Poeta adicto al portal
Revoloteando entre los tallos enmohecidos
con tu vestido diminuto de siglos
retienes los latidos dichosos de la tarde
y eres la única que se alimenta de mis huellas olvidadas
Mi pequeña niña
que tomas por transporte a las mariposas
y puedes bañarte en una lágrima...
mi perfume melancólico suele ser tu atmósfera
y mi mirada la luz que te ilumina
Las cumbres más altas que has habitado
son mis manos pálidas que te han sostenido
y el más hermoso recuerdo
que cruza como un arcoiris la región de tu memoria
es aquel cuando en una fuga de pasión
mis besos cabalgaron tus diminutos pezones
Mi pequeña niña
que no siento tus minúsculos pasos cuando llegan
pero, si los lloro cuando los extravio
tu corazón es tan pequeño
como la punta de un alfiler
y, sin embargo
tu amor y tu bondad son tan inmensos
que pueden caber en un cielo (merecidamente)
Porque tú, mi pequeña niña
no conoces de lluvias sentimentales
palpitos melancólicos
ni mucho menos de silencios
reteniendo llantos...
Tú eres sólo aquella diminuta ilusión
que con su pequeña sonrisa me desordena los pasos
y vives tímidamente a la sombra de mi cuerpo
pués, eres tan frágil y hermosamente pequeña
que tu mundo de encanto y poesía
puede caber en mi bolsillo...
con tu vestido diminuto de siglos
retienes los latidos dichosos de la tarde
y eres la única que se alimenta de mis huellas olvidadas
Mi pequeña niña
que tomas por transporte a las mariposas
y puedes bañarte en una lágrima...
mi perfume melancólico suele ser tu atmósfera
y mi mirada la luz que te ilumina
Las cumbres más altas que has habitado
son mis manos pálidas que te han sostenido
y el más hermoso recuerdo
que cruza como un arcoiris la región de tu memoria
es aquel cuando en una fuga de pasión
mis besos cabalgaron tus diminutos pezones
Mi pequeña niña
que no siento tus minúsculos pasos cuando llegan
pero, si los lloro cuando los extravio
tu corazón es tan pequeño
como la punta de un alfiler
y, sin embargo
tu amor y tu bondad son tan inmensos
que pueden caber en un cielo (merecidamente)
Porque tú, mi pequeña niña
no conoces de lluvias sentimentales
palpitos melancólicos
ni mucho menos de silencios
reteniendo llantos...
Tú eres sólo aquella diminuta ilusión
que con su pequeña sonrisa me desordena los pasos
y vives tímidamente a la sombra de mi cuerpo
pués, eres tan frágil y hermosamente pequeña
que tu mundo de encanto y poesía
puede caber en mi bolsillo...