viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
De tu piel incandescente
aflora el aroma intenso de tu sangre.
Lago de herrumbre bulliciosa.
Vida oceánica y prohibida
ataviada de latidos y punteos.
Inmerso en su color está el espacio
emulsionado en noches de amapola.
y reposan mis sentidos
ebrios de sombra delicada.
Se estremecen en tu cuerpo mis manos
como la hierba en su baile
forzado por el viento,
violador de serenidades.
Mientras, el tiempo va quemándose
en relojes marginados.
Vacíos de miradas furtivas,
huérfanos de cinceles
con los que esculpir los alientos
... los latidos ... las arrugas.
En el vino de seda
que afruta tus labios,
se me duerme la palabra,
brota mi destino.
Me deshielo en el cauce
creado en el valle entre tus muslos.
Y soy piedra de río,
alga bailarina,
rama velera,
Soy carpa luminosa,
cieno oleoso,
oro dulce.
Y soy sueño lujurioso,
corriente de lava
navegando en tu deseo.
Entonces, el amor queda salpicado
por la explosión de colores
que concibe la imaginación de un niño.
Y las nubes juegan a disfrazarse
de un millón de consistencias.
Y la destilación que rezuma
de nuestro placer nombrado en gemidos,
nos ceba de alucinógenos,
y la realidad se funde
en verdades absolutas.
Abrazando el singular de nosotros,
como abraza el agua
un cuerpo en su interior.