Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Habría que hacer de los atardeceres uno y
tragárselos en una copa de abstinencias
con dos hielos y
su dejo de melancolía,
verterlos en la tina junto a sales aromáticas
el nombre con el que te llamaba por las madrugadas y
usarlas hasta que tu halo salga o
dejarlo que parta con el agua.
Hacer un cuadro,
si es posible al óleo para colgarlo al revés
en la pared de la recamara que tan bien te conocía, o
con acuarela,
con acuarela príncipe del reino de mis emociones
para que las gotas de agua que dejaste
a media tarde en mis lagrimales hagan su trabajo
cada que no puedan más y lo acaricien.
Tragar en seco el mudo nudo
que se forma en el cogote cuando me regresan
a la mente con sorna y sin piedad los recuerdos
que me endilgaste, o de plano hacerle una gandayada
a mis convicciones y
voltear sin miramientos a
otros lares hasta olvidarte.
Dormir, enano mío en ese lapso de la tarde
en los que tu mirada se asemeja a los atardeceres y
pasarlos por la vida como si tú y ellos
sólo fuesen una mala broma y
jamás hubiesen existido.
Como si tan sólo lo que te profeso fuese un sueño,
como si no te hubiera hilado a mi vida,
a la vida toda, a todos los atardeceres.
23.1.11 en una tarde fría de verdad, de esas de ponerse guantes antes de que las caricias en los dactilares pierdan el sentido, pierdan lo sentido.
Nota 1. acá nada mas pincheandome la vida
Nota 2. Puedo ponerme digno y decir; toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos en un rato me llamas…. de Joaquín Sabina
.
Última edición: