Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
He aprendido a vestirme con coraza de hierro,
y a disfrazar mi inocencia,
transformando mi angelical mirada
en una de cazadora de apasionados diablos,
voy con recato provocando deseos,
ofreciendo nada, esperando menos de eso,
sólo quiero revolcar mi alma dormida,
en un cuerpo que no me pertenece,
que sólo quiera con su correa amarrarme las muñecas
y no a su espalda ni a su alma,
que no ande en busca de dulces historias.
Es tu culpa que la ternura, ya no me encienda,
que ahora prefiero caricias agresivas,
que duelan tanto que opaquen el dolor de adentro,
por que ya mi cuerpo no busca amor,
no hasta que mate esta pena,
por que me he convertido
en una mujer vengativa y perversa,
a causa de eso que llaman amor.
Así que para que contarte,
en lo que me convierto,
en esos días que amanezco
con ganas de comerme el mundo,
me visto de negro para gritar mi falsa felicidad,
jugando al esconder con la mísera verdad,
de la crueldad que existe sobre la faz de la Tierra.
Y te lo juro,
que hay días, que ni yo me reconozco,
soy una malvada, con ganas de gritar
la gran estupidez que es amar.
He aprendido a sacar a pasear,
la parte escondida y oscura de mí,
esa parte guardada, en la esquina más lastimada
de este tonto y necio corazón.
No me juzgues,
soy el efecto secundario del desamor.
y a disfrazar mi inocencia,
transformando mi angelical mirada
en una de cazadora de apasionados diablos,
voy con recato provocando deseos,
ofreciendo nada, esperando menos de eso,
sólo quiero revolcar mi alma dormida,
en un cuerpo que no me pertenece,
que sólo quiera con su correa amarrarme las muñecas
y no a su espalda ni a su alma,
que no ande en busca de dulces historias.
Es tu culpa que la ternura, ya no me encienda,
que ahora prefiero caricias agresivas,
que duelan tanto que opaquen el dolor de adentro,
por que ya mi cuerpo no busca amor,
no hasta que mate esta pena,
por que me he convertido
en una mujer vengativa y perversa,
a causa de eso que llaman amor.
Así que para que contarte,
en lo que me convierto,
en esos días que amanezco
con ganas de comerme el mundo,
me visto de negro para gritar mi falsa felicidad,
jugando al esconder con la mísera verdad,
de la crueldad que existe sobre la faz de la Tierra.
Y te lo juro,
que hay días, que ni yo me reconozco,
soy una malvada, con ganas de gritar
la gran estupidez que es amar.
He aprendido a sacar a pasear,
la parte escondida y oscura de mí,
esa parte guardada, en la esquina más lastimada
de este tonto y necio corazón.
No me juzgues,
soy el efecto secundario del desamor.