Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ESCONDRIJO DE SOMBRA
Esconderse de la luz,
de su implosión evaporando
la liquidez de las palabras,
el zumo con que nos da a beber
posesivos privilegios;
pero no hay refugio,
no una cueva, un rincón o silo
donde degustar el reposo de la sombra,
un mínimo de grata sombra
bajo un árbol-oasis
en medio de la celeridad y la ruina de las formas
que sólo son cuando la luz las penetra
con su labio corrosivo.
No hay escondrijos en los ojos
donde pudieran resarcirse los temores
con sólo mirar hacia otro lado.
Con la velocidad a bordo
de todos modos se llega tarde, a tropezones,
y la luz está ahí para hacer notar
su manotazo
rozarnos con su lija
embadurnarnos en su acto tragicómico.
En todo caso
persigue sus pródigos hijos,
ya no se puede uno escapar de sus grilletes.
Esconderse de la luz,
de su implosión evaporando
la liquidez de las palabras,
el zumo con que nos da a beber
posesivos privilegios;
pero no hay refugio,
no una cueva, un rincón o silo
donde degustar el reposo de la sombra,
un mínimo de grata sombra
bajo un árbol-oasis
en medio de la celeridad y la ruina de las formas
que sólo son cuando la luz las penetra
con su labio corrosivo.
No hay escondrijos en los ojos
donde pudieran resarcirse los temores
con sólo mirar hacia otro lado.
Con la velocidad a bordo
de todos modos se llega tarde, a tropezones,
y la luz está ahí para hacer notar
su manotazo
rozarnos con su lija
embadurnarnos en su acto tragicómico.
En todo caso
persigue sus pródigos hijos,
ya no se puede uno escapar de sus grilletes.
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