Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Prodigio matemático.
Ecuación de equilibrio
entre fuego y carne abrasadora.
Sueño en las venas de espanto y
las bahías del corazón sibarita.
Oníricas arenas de una isla desolada.
Sustancia de prostituto irremediable, jubilado en un harem.
Pulpa negra o blanca. Roja o mulata...
También los senos de una asiática.
El germen corrupto flameando
en la llama de mis ojos fueguinos como testigo
Bailando descalzo
el vals libre y anárquico de las alpargatas flojas
o el lago de los cisnes
con un tatuaje de acuarela y música chatarra barata.
Cisternas.
Tizones.
Egos expandidos.
Basural de raza y elite.
Al borde de la locura del inconsciente y
en la cuerda floja de las estrellas colgantes,
irritada mi apnea de pecho por un enigma
que los signos astrales no han resulto
en mi jauría de caballos desprendidos.
¡ El cómo ni el cuándo ¡
Hasta tu aparición,
con halito florecido en soplo.
El renacer de un sujeto suspendido
y de tu única carne,
pasando a la diete de tu pulpa y vegetales.
Tu...Tu rayana a mi demencia
rescataste mi galope ecuestre perdido
los signos astrales dejaron la femera, y
hoy tocan el blues de los ojos negros encendidos,
con el fósforo de tu mano
vagando en el azufre polvoriento con vocación filantropa, y
mi cisterna antes inundada,
estalla en polvorines.
Barriles y botella de antaño, ahora limpia y clara agua
tu teorema del equilibrio ondulante aun desconocido
Tú.
Tú.
Sólo tú,
mi nave salvadora.