Deambulando
Con serenidad asumo esta soledad,
vuelo frustrado de un colibrí dorado
Esquivo fue el néctar de valor encantado,
y las caricias de las olas de un trigal.
Deambulando sobre azules ideales,
a veces soberbio, me visto de granate.
El jugo de uvas place a este enajenado
cercenando visiones, alas y equipajes.
Un zafiro único brilla muy distante
Alucinado siento perfumadas brisas,
que van cual remolinos en fugaces viajes.
La luna abruma mi terciopelo desvelo,
las chirimoyas no logran saciar mi sed
Enamorado del amor, ruega consuelo.
Ramiro Deladanza