Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Algo dentro de mí te siente viva
tolerando el minuto que ha pasado
sólo en el despertar siento la herida
sabiendo entre silencios que has marchado.
Esta luna doliente que me mira
sabe como aliviar viejos destrozos
lame el mundo apagado donde habito
queriendo eternizar aquellos gozos.
Serio y doliente poso ante tu tumba
donde aquella dulzura siempre esbozo
algo tuyo está ahí que no me mira
envuelto en la penumbra del reposo
Me es tan fácil hablarte sin mentiras
decirte que te quiero eternamente;
que el sabor de tu cuerpo cobra vida
e ilumina mi ocaso hacia la muerte.
Tu silencio me calma
-lo percibo-
no siento soledad
siento alimento.
He aprendido a vagar por esta vida
llevándote en mi mente
todo el tiempo.
Es mi ofrenda un altar,
mujer querida,
de todos los recuerdos
persistentes;
hueco de soledades
no es mi vida
después de haberte amado
intensamente.
tolerando el minuto que ha pasado
sólo en el despertar siento la herida
sabiendo entre silencios que has marchado.
Esta luna doliente que me mira
sabe como aliviar viejos destrozos
lame el mundo apagado donde habito
queriendo eternizar aquellos gozos.
Serio y doliente poso ante tu tumba
donde aquella dulzura siempre esbozo
algo tuyo está ahí que no me mira
envuelto en la penumbra del reposo
Me es tan fácil hablarte sin mentiras
decirte que te quiero eternamente;
que el sabor de tu cuerpo cobra vida
e ilumina mi ocaso hacia la muerte.
Tu silencio me calma
-lo percibo-
no siento soledad
siento alimento.
He aprendido a vagar por esta vida
llevándote en mi mente
todo el tiempo.
Es mi ofrenda un altar,
mujer querida,
de todos los recuerdos
persistentes;
hueco de soledades
no es mi vida
después de haberte amado
intensamente.
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