Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Seduce lo imborrable, lo fascinante.
Dios está del lado equivocado
y dentro del cielo hemos secuestrado
ángeles ebrios. Ven como te llamo,
no le temas a las miradas que bordean
tu desnudez irrefrenable.
Hay espacios de confusión que alteran la mente,
pero el amor es la única verdadera droga,
el resto es solo placebo urbano.
Soy un eclipse allanando tu inocencia,
tarde nauseabunda para el corazón
con el purgante de tus ojos que me deshidratan.
Como un enema pulmonar te respiro,
como un perro lazarillo lamiéndote la sombra
Ven seducida y huyendo, pero consciente,
el alcohol aliviana la pesadez de los agónicos,
despierta la frivolidad hilarante del corazón
ataviado para la ocasión.
No has perdido, el cielo es poco probable,
primero haz de morder
la roca y sangrar a bocanadas
el verbo insoportable con que te ato
Siete cielos no son insuficientes
para llegar a Dios,
pero puedo oler su bondad
a través de tu cuerpo.
Por eso hagamos el amor, te parece?
esta tarde mientras la ciudad
retorna a los hogares,
tú y yo, en secreto, sin miedo al pudor,
con las puertas abiertas
y los ventanales amplios,
perdidos entre los matorrales del placer,
aquí en el séptimo cielo.
Hagamos el amor una vez
y luego dejemos que la noche entrando
haga lo suyo mientras desnudos
nos contamos de la vida que nos duele,
de los hijos, de los trechos, de los miedos,
y sobre todo de que decir te quiero
nos cuesta lo que vale escucharlo;
dejémonos llevar por los últimos rebotes
de la tarde que cae incinerada
sobre las vidrieras de los ojos de enfrente
que nos miran con envidia
por entre las cortinas,
y nos ven como si fuéramos
a matarnos de tanto amor;
amor por la tarde, escondidos tú y yo,
yo tuyo y tú mía, mía como las ganas
con que te bebo,
tuyo como si fuera la última vez
Porque nos encanta el delirio de la palabra
estamos hechos de voces sobre la cama,
y entre sexo y sexo
yo te invado y tú me cuentas,
y se deshacen las cerraduras del corazón temeroso
y se despierta la caricia con ternura de verso,
porque me encanta junto a ti monologar
de la forma en que me mantienes a descubierto
y como una gata en celo
me atacas con un beso que nunca veo venir
hasta que ya soy presa entre tus labios.
Sí, hagamos el amor
y quedémonos desnudos esta tarde
prolongando el amor sobre mi cama
que olerá a sexo embriagador y hechicero
cuando avanzada la noche
anuncies con premura tu partida
y yo vuelva a mis desvelos;
quedémonos desnudos con nuestro huerto
de palabras que en secreto cultivamos,
sin que nadie nos oiga desde el séptimo cielo,
que no nos ahuyente el paso metálico
de la vida por las calles,
que no nos irrumpan con su paso presuroso
los oficinista, los obreros, las hijas del rigor,
ni el agobiado consciente colectivo
que transita oprimido entre carrozas celestes
de norte a sur y de sur a norte;
deja que me lleve tu voz
mientras mis ojos a ratos te recorren
como aerolitos vacacionando
la desnudez con que me albergas,
que te oiga con todos los silencios a tu favor
y que se desprenda esa vulnerabilidad tuya
que cotiza en el mercado de mis sueños;
quiero saber que me digas que me quieres
sin tropezar el corazón con la razón,
pues la boca es la media justa
entre lo que sentimos y lo que debemos.
Dios está del lado equivocado
y dentro del cielo hemos secuestrado
ángeles ebrios. Ven como te llamo,
no le temas a las miradas que bordean
tu desnudez irrefrenable.
Hay espacios de confusión que alteran la mente,
pero el amor es la única verdadera droga,
el resto es solo placebo urbano.
Soy un eclipse allanando tu inocencia,
tarde nauseabunda para el corazón
con el purgante de tus ojos que me deshidratan.
Como un enema pulmonar te respiro,
como un perro lazarillo lamiéndote la sombra
Ven seducida y huyendo, pero consciente,
el alcohol aliviana la pesadez de los agónicos,
despierta la frivolidad hilarante del corazón
ataviado para la ocasión.
No has perdido, el cielo es poco probable,
primero haz de morder
la roca y sangrar a bocanadas
el verbo insoportable con que te ato
Siete cielos no son insuficientes
para llegar a Dios,
pero puedo oler su bondad
a través de tu cuerpo.
Por eso hagamos el amor, te parece?
esta tarde mientras la ciudad
retorna a los hogares,
tú y yo, en secreto, sin miedo al pudor,
con las puertas abiertas
y los ventanales amplios,
perdidos entre los matorrales del placer,
aquí en el séptimo cielo.
Hagamos el amor una vez
y luego dejemos que la noche entrando
haga lo suyo mientras desnudos
nos contamos de la vida que nos duele,
de los hijos, de los trechos, de los miedos,
y sobre todo de que decir te quiero
nos cuesta lo que vale escucharlo;
dejémonos llevar por los últimos rebotes
de la tarde que cae incinerada
sobre las vidrieras de los ojos de enfrente
que nos miran con envidia
por entre las cortinas,
y nos ven como si fuéramos
a matarnos de tanto amor;
amor por la tarde, escondidos tú y yo,
yo tuyo y tú mía, mía como las ganas
con que te bebo,
tuyo como si fuera la última vez
Porque nos encanta el delirio de la palabra
estamos hechos de voces sobre la cama,
y entre sexo y sexo
yo te invado y tú me cuentas,
y se deshacen las cerraduras del corazón temeroso
y se despierta la caricia con ternura de verso,
porque me encanta junto a ti monologar
de la forma en que me mantienes a descubierto
y como una gata en celo
me atacas con un beso que nunca veo venir
hasta que ya soy presa entre tus labios.
Sí, hagamos el amor
y quedémonos desnudos esta tarde
prolongando el amor sobre mi cama
que olerá a sexo embriagador y hechicero
cuando avanzada la noche
anuncies con premura tu partida
y yo vuelva a mis desvelos;
quedémonos desnudos con nuestro huerto
de palabras que en secreto cultivamos,
sin que nadie nos oiga desde el séptimo cielo,
que no nos ahuyente el paso metálico
de la vida por las calles,
que no nos irrumpan con su paso presuroso
los oficinista, los obreros, las hijas del rigor,
ni el agobiado consciente colectivo
que transita oprimido entre carrozas celestes
de norte a sur y de sur a norte;
deja que me lleve tu voz
mientras mis ojos a ratos te recorren
como aerolitos vacacionando
la desnudez con que me albergas,
que te oiga con todos los silencios a tu favor
y que se desprenda esa vulnerabilidad tuya
que cotiza en el mercado de mis sueños;
quiero saber que me digas que me quieres
sin tropezar el corazón con la razón,
pues la boca es la media justa
entre lo que sentimos y lo que debemos.
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