coral
Una dama muy querida en esta casa.
Simplemente soy
Nadie ha sabido de mí
por mucho tiempo
¡o desde siempre!
Simplemente soy,
y ellos no saben quíen soy.
No conocen de mis noches,
de mis soles,ni de mi arena,
de mis montañas azules
ni de mis negras azucenas
inventadas en mis sueños
donde jamás tuvieron dueño
y de los tantos planetas
que ruedan entre mis sienes
acuñando mil recuerdos.
Nadie ve, ni verá,
nadie sabe, ni sabrá
del montículo en mi jardín
donde enterré algunas penas.
No han sabido, de los cuellos almidonados,
ni de mis manos echas callo
que hasta se han perdido mis huellas
ni el por qué la sangre se coagula entre mis venas.
Aún no sé si existo o
Solamente son mis viciosos pensamientos
perdidos entre laberintos.
¡Soy! eso pienso, porque me duelen los sentido
y mi alma está planeando
entre las alas del viento
en un mundo de sentimientos,
vientos cortos, como un beso suspicaz
que parece acero frío
sobre mis labios ya muertos.
En el centro de mi pecho,
entrelazado un engañado suspiro,
cuando siento el arrullo de un coloquio
o tal vez un dulce beso prohibido;
¡se hacen lluvias mis pupilas!
y me digo sí, sí, sí estoy viva
sólo que de vez en cuando,
al mundo entero se le olvida,
¡que estoy viva y que existo!
Prudencia Arenas
Coral.
Nadie ha sabido de mí
por mucho tiempo
¡o desde siempre!
Simplemente soy,
y ellos no saben quíen soy.
No conocen de mis noches,
de mis soles,ni de mi arena,
de mis montañas azules
ni de mis negras azucenas
inventadas en mis sueños
donde jamás tuvieron dueño
y de los tantos planetas
que ruedan entre mis sienes
acuñando mil recuerdos.
Nadie ve, ni verá,
nadie sabe, ni sabrá
del montículo en mi jardín
donde enterré algunas penas.
No han sabido, de los cuellos almidonados,
ni de mis manos echas callo
que hasta se han perdido mis huellas
ni el por qué la sangre se coagula entre mis venas.
Aún no sé si existo o
Solamente son mis viciosos pensamientos
perdidos entre laberintos.
¡Soy! eso pienso, porque me duelen los sentido
y mi alma está planeando
entre las alas del viento
en un mundo de sentimientos,
vientos cortos, como un beso suspicaz
que parece acero frío
sobre mis labios ya muertos.
En el centro de mi pecho,
entrelazado un engañado suspiro,
cuando siento el arrullo de un coloquio
o tal vez un dulce beso prohibido;
¡se hacen lluvias mis pupilas!
y me digo sí, sí, sí estoy viva
sólo que de vez en cuando,
al mundo entero se le olvida,
¡que estoy viva y que existo!
Prudencia Arenas
Coral.
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