Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Había una vez un beso (y fueron tantas veces)
y un hombre que adoraba los besos de aquella mujer.
Había una vez (la vez fue muchas veces)
un beso que a una mujer idolatraba.
Había una vez (sólo hubo una vez)
una mujer y un hombre que se amaban.
Había una vez (sólo hubo una vez sólo hubo una vez)
un beso una mujer y un hombre que se amaban.
Y el hombre sentía:
mientras irrefrenablemente me miras, mientras en el azúcar de las pupilas flota la sensación del beso, mientras otro beso nos va creciendo dentro como un estornudo, tú me miras, me miras, y todo se transforma, todo se trasforma, tú jamás otra, tú jamás otra, que es tu boca, cuando aproximas tus labios, la que abre los cerrojos al país de la magia .
Y ella sentía:
Renacerás.
En
la boca
de nuestro beso
no hay un sabor
sino el recuerdo de una
emoción
no hay una humedad
sino el recuerdo de una
lluvia.
Y el beso sentía:
Vosotros
me llamáis mi beso
mas si supieses
lo que el otro os besa
cuando no os besáis
os seguiríais besando
aún después de muertos.
Y los tres sentían:
Nuestro beso
de un rojo intenso
que engrasa
el alma
como el vino
Y alrededor del beso, mudo beso apasionado beso, otros pequeños besos a medio nacer, y mientras la playa, mientras el sol era una herida que se abría como un brasero, las gaviotas del beso estaban sedientas de otro beso, ninguno se atrevía a morder esos senos, los senos deliciosos de su boca en ese lugar de la playa donde se embalsaman la rosa y el tomillo, unos labios embadurnados de arena y ternura, sus bellos labios, sus bellos labios mas bellos que las antiguas y modernas mentiras, y allá donde la pleamar echa en falta a la luna, allá donde mi corazón, correcto, ridículo y encantador, iba remando con su mirada, comprendimos el otro beso que resonaba cuando cesaron las campanas
Hoy te resucito, muerta estás y advierto que en tu retrato ríes, ¿cómo puedo llorarte?
..
.
Chus Soriano
.
Había una vez un beso (y fueron tantas veces)
y un hombre que adoraba los besos de aquella mujer.
Había una vez (la vez fue muchas veces)
un beso que a una mujer idolatraba.
Había una vez (sólo hubo una vez)
una mujer y un hombre que se amaban.
Había una vez (sólo hubo una vez sólo hubo una vez)
un beso una mujer y un hombre que se amaban.
Y el hombre sentía:
mientras irrefrenablemente me miras, mientras en el azúcar de las pupilas flota la sensación del beso, mientras otro beso nos va creciendo dentro como un estornudo, tú me miras, me miras, y todo se transforma, todo se trasforma, tú jamás otra, tú jamás otra, que es tu boca, cuando aproximas tus labios, la que abre los cerrojos al país de la magia .
Y ella sentía:
Renacerás.
En
la boca
de nuestro beso
no hay un sabor
sino el recuerdo de una
emoción
no hay una humedad
sino el recuerdo de una
lluvia.
Y el beso sentía:
Vosotros
me llamáis mi beso
mas si supieses
lo que el otro os besa
cuando no os besáis
os seguiríais besando
aún después de muertos.
Y los tres sentían:
Nuestro beso
de un rojo intenso
que engrasa
el alma
como el vino
Y alrededor del beso, mudo beso apasionado beso, otros pequeños besos a medio nacer, y mientras la playa, mientras el sol era una herida que se abría como un brasero, las gaviotas del beso estaban sedientas de otro beso, ninguno se atrevía a morder esos senos, los senos deliciosos de su boca en ese lugar de la playa donde se embalsaman la rosa y el tomillo, unos labios embadurnados de arena y ternura, sus bellos labios, sus bellos labios mas bellos que las antiguas y modernas mentiras, y allá donde la pleamar echa en falta a la luna, allá donde mi corazón, correcto, ridículo y encantador, iba remando con su mirada, comprendimos el otro beso que resonaba cuando cesaron las campanas
Hoy te resucito, muerta estás y advierto que en tu retrato ríes, ¿cómo puedo llorarte?
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Chus Soriano
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