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Polvo enamorado

Jucatohi

Poeta fiel al portal
En el cementerio viejo, a través del muro roto,
Divisé el lugar donde de luz un rayo caía,
Que entre las negras nubes se colaba.
El lugar era un reflejo de abandono
Y aunque la tormenta se cernía
Por el roto entré, porque algo me llamaba.
La hiedra clavaba sus uñas en los poros
De las piedras que hermosas fueron un día
Y las hierbas y espinos todo lo llenaban.
Al final de un pasillo de nichos rotos
Dos lápidas la luz recibían,
Como si un celestial foco las iluminara.
Con reverencia en sus epitafios clavé mis ojos.
La primera, diez años más antigua, así decía:
“Te espero, la muerte no borrará lo que en vida te amaba”.
A su lado la otra decía con expectante tono:
“Perdona la tardanza, voy a ti amada mía”.
La tormenta a lo lejos tronaba.
Tras las tumbas dirigí mis ojos
Para ver dos cipreses que juntos crecían
Y contra natura sus copas entrelazaban.
De humedad se llenó mi rostro,
Aunque aún no llovía.
Un relámpago el cielo iluminaba.
A su luz recordé con asombro
Palabras que Quevedo escribía
Y sin ser consciente mis labios recitaban:

“Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, más tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado”.



Nota: Entrecomillado: estrofa del poema de Francisco de Quevedo "Amor constante más allá de lamuerte".
 
Última edición por un moderador:
¡¡¡GENIAL!!! Me ha encantado este poema tan hermoso, con que delicadeza y sensibilidad expresas todo lo que dices, con esas imágenes tiernas y suaves que presentas en tus versos, pues aún siendo un lugar que a casi nadie gusta, has sabido extraer la belleza de su imagen en tus magistrales versos. Te felicito amigo y te dejo estrellas y reputación. Un fuerte abrazo.
 
Estimado Raúl, me abrumas con tu amabilidad. Realmente me llena de satisfacción precibir que lo has disfrutado. Me animas a seguir adelante con mis letras.
Muchisimas gracias, un placer tu paso por mi pobre poema.
Un fuerte abrazo de vuelta.
 
En el cementerio viejo, a través del muro roto,
Divisé el lugar donde de luz un rayo caía,
Que entre las negras nubes se colaba.
El lugar era un reflejo de abandono
Y aunque la tormenta se cernía
Por el roto entré, porque algo me llamaba.
La hiedra clavaba sus uñas en los poros
De las piedras que hermosas fueron un día
Y las hierbas y espinos todo lo llenaban.
Al final de un pasillo de nichos rotos
Dos lápidas la luz recibían,
Como si un celestial foco las iluminara.
Con reverencia en sus epitafios clavé mis ojos.
La primera, diez años más antigua, así decía:
“Te espero, la muerte no borrará lo que en vida te amaba”.
A su lado la otra decía con expectante tono:
“Perdona la tardanza, voy a ti amada mía”.
La tormenta a lo lejos tronaba.
Tras las tumbas dirigí mis ojos
Para ver dos cipreses que juntos crecían
Y contra natura sus copas entrelazaban.
De humedad se llenó mi rostro,
Aunque aún no llovía.
Un relámpago el cielo iluminaba.
A su luz recordé con asombro
Palabras que Quevedo escribía
Y sin ser consciente mis labios recitaban:

“Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, más tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado”.

¡UH.UH.HU....!¡ Soy el fantasma Espinete! Salgo de entre las tumbas, de entre las nieblas y las tormentas, los rayos y los truenos, para decirle a mi amigo lo mucho que yo le quiero.Para decirle que escriba siempre, con este esmero. Que no decaiga. Que nos deleite, porque los poetas estamos de él pendiente. Mua,mua. Mary Carmen
 
Amiga, gracias por tu comentario rimado, pues... se hará lo que se pueda en lo de escribir siempre, llevo una temporadilla sin el ánimo necesario.
Bueno, seguimos para bingo.
Afectuoso saludo para ti.
 

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