Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Susurro al acostarme
y me dejo llevar por las palabras en silencio,
debajo de las sábanas sumerjo mi cabeza
y me detengo junto al susurro
que se quiere dejar oír,
más sólo es un murmullo inteligible
que desde mi garganta mascullo en gutural
dejándose escuchar sólo en la brisa,
que se va por debajo de la rendija
del ventanal invernal,
que hoy se hace escarcha
rodeándose con gotas suspendidas heladas,
que aún no caen estruendosas.
Susurro a media noche
y el reloj ya no hace su tic-tac,
ni el colibrí danza su aletear,
sólo escucho mi latir,
que bombea riguroso en mi pecho,
y se bambolea al compás de mi trino,
que quiere seducir al viento,
para que se quedé como candil cerca de mis ojos,
para verle pasar y se lleve mi susurro.
Mi susurro,
que ha de pasar cerca de una enredadera,
ubicada debajo de la ventana,
y se deslizará al compás de la bruma,
por entre rocas, senderos, arenas,
hasta llegar cerca de la playa
en donde se quedará por un rato
mirando la infinidad que se mece misteriosa
dejando su huella detrás del viento
que agitado se quiere escapar junto a la melancolía,
continuando su peregrinar por acantilados y arrecifes,
que han de quedarse mudos
oyendo mi manifiesto en susurro,
que se dejará quedar cuando seduzca la invitación.
Te mueves en susurro
y no te dejas cautivar,
sólo llevas la suavidad de tu nombre,
que en abril se ha hecho deshojar,
y trato de atraparte desde la cúspide del árbol
desde donde te has dejado caer,
más mis manos se dejan tejer,
de una enmarañada telaraña,
que se ha permitido enredar,
siendo sólo tu susurro el elixir para desencadenar.....
y me dejo llevar por las palabras en silencio,
debajo de las sábanas sumerjo mi cabeza
y me detengo junto al susurro
que se quiere dejar oír,
más sólo es un murmullo inteligible
que desde mi garganta mascullo en gutural
dejándose escuchar sólo en la brisa,
que se va por debajo de la rendija
del ventanal invernal,
que hoy se hace escarcha
rodeándose con gotas suspendidas heladas,
que aún no caen estruendosas.
Susurro a media noche
y el reloj ya no hace su tic-tac,
ni el colibrí danza su aletear,
sólo escucho mi latir,
que bombea riguroso en mi pecho,
y se bambolea al compás de mi trino,
que quiere seducir al viento,
para que se quedé como candil cerca de mis ojos,
para verle pasar y se lleve mi susurro.
Mi susurro,
que ha de pasar cerca de una enredadera,
ubicada debajo de la ventana,
y se deslizará al compás de la bruma,
por entre rocas, senderos, arenas,
hasta llegar cerca de la playa
en donde se quedará por un rato
mirando la infinidad que se mece misteriosa
dejando su huella detrás del viento
que agitado se quiere escapar junto a la melancolía,
continuando su peregrinar por acantilados y arrecifes,
que han de quedarse mudos
oyendo mi manifiesto en susurro,
que se dejará quedar cuando seduzca la invitación.
Te mueves en susurro
y no te dejas cautivar,
sólo llevas la suavidad de tu nombre,
que en abril se ha hecho deshojar,
y trato de atraparte desde la cúspide del árbol
desde donde te has dejado caer,
más mis manos se dejan tejer,
de una enmarañada telaraña,
que se ha permitido enredar,
siendo sólo tu susurro el elixir para desencadenar.....