susoermida
Poeta recién llegado
A veces amontono mis versos
como mercancía sin destino.
Apilados quedan sobre estanterías del pronto
decir y sin solución en la intención.
Son mercaderías sin clasificar, manufacturas
sin destino y sin fecha y con ardientes deseos de envío.
Longitudes sin aclarar. Verbos huérfanos.
La única dirección que tienen es mi corazón,
corazón extendido como llamas reclamándome.
Golpean sobre mi sentir como acecho doloroso,
hacen daño sobre mi cuerpo receptor.
Me tiemblan los sentidos. Los quiero. Los amo.
Los deseo como noches frescas de este rojo verano
que siempre me abraza con asalto y con altares rotos.
Voy a ellos después del desgaste de los días
y me cansa su narración y dejo que sigan durmiendo
sobre la destrucción de la piedra y la sustancia del olvido.
Pasan sobre ellos vientos cotidianos, interminables climas
cambiando y alterando pero siempre permaneciendo.
Otras veces aparecen cuando menos lo deseo.
La inspiración no conoce domicilios y terca es llamando
a mi simple y humilde puerta.
Entonces siento conspiraciones de realidad y fracaso
pero los dejo dormir en espera de un despertar
que aclare las gargantas y me haga parir el verbo que en mi aúlla.
Y el deseo de escribir una lagrima sin mojar el papel.
como mercancía sin destino.
Apilados quedan sobre estanterías del pronto
decir y sin solución en la intención.
Son mercaderías sin clasificar, manufacturas
sin destino y sin fecha y con ardientes deseos de envío.
Longitudes sin aclarar. Verbos huérfanos.
La única dirección que tienen es mi corazón,
corazón extendido como llamas reclamándome.
Golpean sobre mi sentir como acecho doloroso,
hacen daño sobre mi cuerpo receptor.
Me tiemblan los sentidos. Los quiero. Los amo.
Los deseo como noches frescas de este rojo verano
que siempre me abraza con asalto y con altares rotos.
Voy a ellos después del desgaste de los días
y me cansa su narración y dejo que sigan durmiendo
sobre la destrucción de la piedra y la sustancia del olvido.
Pasan sobre ellos vientos cotidianos, interminables climas
cambiando y alterando pero siempre permaneciendo.
Otras veces aparecen cuando menos lo deseo.
La inspiración no conoce domicilios y terca es llamando
a mi simple y humilde puerta.
Entonces siento conspiraciones de realidad y fracaso
pero los dejo dormir en espera de un despertar
que aclare las gargantas y me haga parir el verbo que en mi aúlla.
Y el deseo de escribir una lagrima sin mojar el papel.