MarceloG
Poeta recién llegado
Cuando mueren las madres,
se llevan
el corazón de la rosa.
La sonrisa
de la luz
que habita
en el alma del lucero.
El poema
que pende
de la última gota
del cántaro.
Las caricias del arroyo,
la música del violín.
Cuando ellas mueren,
sólo quedan,
la soledad
arrojada
en los brazos del tiempo.
La brisa
arodillada
sobre una piedra.
Sólo queda,
la tristeza
que lame
la melancolía del pino.
El agua
hecha
lluvia de dolor.
Sólo
el cadáver del río
que murió de pena.
Sólo queda
el clavel
con el alma enferma
de tanto llorar.
Marcelino Guibarra
se llevan
el corazón de la rosa.
La sonrisa
de la luz
que habita
en el alma del lucero.
El poema
que pende
de la última gota
del cántaro.
Las caricias del arroyo,
la música del violín.
Cuando ellas mueren,
sólo quedan,
la soledad
arrojada
en los brazos del tiempo.
La brisa
arodillada
sobre una piedra.
Sólo queda,
la tristeza
que lame
la melancolía del pino.
El agua
hecha
lluvia de dolor.
Sólo
el cadáver del río
que murió de pena.
Sólo queda
el clavel
con el alma enferma
de tanto llorar.
Marcelino Guibarra
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