Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
MELANCOLÍA
Hoy la melancolía está servida
como la lluvia o mirar el dorarse del castaño. La
sobrellevo en mi rol de detective
al otro lado de una mesa
disparando miles de preguntas y miles de firmas
sobre talonarios.Ahí,
en esa habitación cerrada, cripta sellada con estaño,
en la que el tiempo está fuera y sólo la luz eléctrica conduce el
segmento que mis manos desgranan
con un giro trashumante en un vaivén de cuerpos
desvistiéndose.La
presión del pecho va creciendo privada del sol
del temblor imperceptible de las violetas, los colores
las formas y el cerebro empleado
en discernir diagnósticos y mítines cortos como spots publicitarios
de un ermitaño en medio del desierto.
Hasta las personas
pierden su humanidad en ese desfile masivo
cuyo sentido se diluye
entre las pilas de informes dormidos sobre la mesa
de algún administrador.
Hector Alberto Villarruel.
Hoy la melancolía está servida
como la lluvia o mirar el dorarse del castaño. La
sobrellevo en mi rol de detective
al otro lado de una mesa
disparando miles de preguntas y miles de firmas
sobre talonarios.Ahí,
en esa habitación cerrada, cripta sellada con estaño,
en la que el tiempo está fuera y sólo la luz eléctrica conduce el
segmento que mis manos desgranan
con un giro trashumante en un vaivén de cuerpos
desvistiéndose.La
presión del pecho va creciendo privada del sol
del temblor imperceptible de las violetas, los colores
las formas y el cerebro empleado
en discernir diagnósticos y mítines cortos como spots publicitarios
de un ermitaño en medio del desierto.
Hasta las personas
pierden su humanidad en ese desfile masivo
cuyo sentido se diluye
entre las pilas de informes dormidos sobre la mesa
de algún administrador.
Hector Alberto Villarruel.