-Águila, tú que vuelas tan alto y tienes vista privilegiada, ¿podrías confesarme el sentido último de la vida?- preguntó un hombre.
-Yo sólo miro a la tierra y no puedo saberlo. Dime tú, hombre sabio y lúcido, que vives mirando siempre al cielo, ¿cuál es el sentido último de la vida?
Y un pequeño gorrión revoloteaba entre las ramas con gracia exquisita, entre cielo y tierra, sin ser advertido por nadie...
-Yo sólo miro a la tierra y no puedo saberlo. Dime tú, hombre sabio y lúcido, que vives mirando siempre al cielo, ¿cuál es el sentido último de la vida?
Y un pequeño gorrión revoloteaba entre las ramas con gracia exquisita, entre cielo y tierra, sin ser advertido por nadie...