Como una tradición malograda, las hijas quinceañeras de oficiales encumbrados siempre tienen que poner sus ojos en algún elemento de la tropa. Quienes, como animales en brama responden al llamado sin medir consecuencias.
Nunca falta que en los bailes y tardeadas destinados para oficiales estos presuman sus tesoros familiares como si fuesen piezas de joyería en un aparador.
El soldado Ojeras tenía la manía de buscarse problemas y como si fuese a propósito, tuvo que empezar a salir con la hija de un Teniente de colegio. (no de campo)
Existe una ley tácita en el Ejercito: Cuidas mi espalda, cuido la tuya esta ley incluye entre otras cosas el respeto a la familia.
El hecho de cortejar y desvelar a la hija de un oficial rompe categóricamente esta ley.
Ahora estamos tres efectivos en un campo de mostaza sin apoyo aéreo, ni esperanzas de refuerzo en las próximas dieciocho horas.
El soldado Torrejas, gran empacador de desayunos, el soldado Orejas, el cortejador desenfrenado y un servidor, un Cabo recién ascendido, a lo sumo podíamos sumar trescientas horas de servicio en línea caliente.
La orden de silencio radial nos dejaba a nuestra suerte y fuerzas. Estaba claro que seríamos sometidos a una prueba seria, de la que nos consideraríamos muy afortunados si salíamos indemnes. Aunado a la orden de asegurar un área para descenso de helicópteros.
Ya que nuestra llegada fue de manera tan anunciada podemos anticipar que nos esperan y preparan una recepción a la altura de nuestros méritos.
No podemos dejar pasar la oportunidad de darle una palmada en la cabeza al Soldado Orejas al tiempo que le digo: Si salimos de esta... te castramos
Nunca falta que en los bailes y tardeadas destinados para oficiales estos presuman sus tesoros familiares como si fuesen piezas de joyería en un aparador.
El soldado Ojeras tenía la manía de buscarse problemas y como si fuese a propósito, tuvo que empezar a salir con la hija de un Teniente de colegio. (no de campo)
Existe una ley tácita en el Ejercito: Cuidas mi espalda, cuido la tuya esta ley incluye entre otras cosas el respeto a la familia.
El hecho de cortejar y desvelar a la hija de un oficial rompe categóricamente esta ley.
Ahora estamos tres efectivos en un campo de mostaza sin apoyo aéreo, ni esperanzas de refuerzo en las próximas dieciocho horas.
El soldado Torrejas, gran empacador de desayunos, el soldado Orejas, el cortejador desenfrenado y un servidor, un Cabo recién ascendido, a lo sumo podíamos sumar trescientas horas de servicio en línea caliente.
La orden de silencio radial nos dejaba a nuestra suerte y fuerzas. Estaba claro que seríamos sometidos a una prueba seria, de la que nos consideraríamos muy afortunados si salíamos indemnes. Aunado a la orden de asegurar un área para descenso de helicópteros.
Ya que nuestra llegada fue de manera tan anunciada podemos anticipar que nos esperan y preparan una recepción a la altura de nuestros méritos.
No podemos dejar pasar la oportunidad de darle una palmada en la cabeza al Soldado Orejas al tiempo que le digo: Si salimos de esta... te castramos
(Continuará)
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