De pronto cayó la noche
rauda en su avidez por ti,
pero me sonrió radiante
de bondad la Luna cálida
diciéndome que no andas
lejos del espacio nuestro
y donde podré encontrarte.
¡Faro que en el horizonte
orienta a mi alma serena!
Cuando la Luna se oculte
y en el ocaso nocturno
deje de velar por mí,
montaré en lúcida nube
de una porcelana etérea,
y por donde la luz nace,
amigo, te iré a buscar.
rauda en su avidez por ti,
pero me sonrió radiante
de bondad la Luna cálida
diciéndome que no andas
lejos del espacio nuestro
y donde podré encontrarte.
¡Faro que en el horizonte
orienta a mi alma serena!
Cuando la Luna se oculte
y en el ocaso nocturno
deje de velar por mí,
montaré en lúcida nube
de una porcelana etérea,
y por donde la luz nace,
amigo, te iré a buscar.