Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Rompía las mañanas desde el pozo
donde se abriga un rebaño con ruedas.
Yo a lomos de mi animal
me enfilaba por las rampas.
Si no arañaba columnas
eran momentos gemelos,
parar, esperar, cerrar y avanzar
tan inconsciente como un respiro.
Pero un día tal que otro
el milagro se hizo cuerpo
y lo que solo era tapia
se hizo pantalla de cine.
Se me derramo en los ojos,
envuelto de mil colores,
el beso más grande impreso
del color de la pizarra.
Y da igual quien lo ha pintado,
en su fragor de entretelas,
yo me estremezco pensando
¡Seguro que ha sido ella!
donde se abriga un rebaño con ruedas.
Yo a lomos de mi animal
me enfilaba por las rampas.
Si no arañaba columnas
eran momentos gemelos,
parar, esperar, cerrar y avanzar
tan inconsciente como un respiro.
Pero un día tal que otro
el milagro se hizo cuerpo
y lo que solo era tapia
se hizo pantalla de cine.
Se me derramo en los ojos,
envuelto de mil colores,
el beso más grande impreso
del color de la pizarra.
Y da igual quien lo ha pintado,
en su fragor de entretelas,
yo me estremezco pensando
¡Seguro que ha sido ella!