Hellen Cristy
Poeta adicto al portal
Hoy la soledad de pronto tristemente me golpeó
tan fuertemente que no pude atinar a levantarme,
después de mucho tiempo mi mano temblando abrió
la vieja carta amorosa que hace años me escribiste.
Al leerla brotaron de mis ojos amargas lágrimas
por lo nuestro, que pudo ser pero nunca sucedió
el destino empecinado en separarnos formó barreras,
descubrí lo que contenía cada línea y me conmovió.
Hoy vi lo que no me percaté en aquel entonces
que eras un hombre triste, solo, muy desdichado,
que igual a mí, te enamoraste de un imposible
lo difícil de este amor nos condenó a vivir separados.
Me amaste, eso lo supe hoy por esta vieja carta
me amaste al igual que yo, que te amé no lo niego
nuestro amor fue muy grande sin ningún sosiego
que conservar tú recuerdo en la misiva aún me espanta.
Caí en cuenta que mientras amabas un imposible,
yo amé a un hombre con amor dulce, sincero,
entre tanto tu amabas lo abstracto, lo inaccesible,
yo paralizada de pavor, nunca dije te quiero.
Cuando me besaste prontamente correspondí,
entregaste todo tu amor pues todavía lo siento
demostraste con tus caricias amarme a mí
dejándome temblorosa de amor, de sentimiento.
En la carta lo explicas, lo dices propiamente
develas con dulzura y temor a la vez que me amas,
en aquel entonces me asusté al ver tanto amor inminente
que de verte otra vez no me quedaron ganas.
Salí velozmente despavorida, muy aterrada
llevaba tanta prisa para consumar mi escape,
que preferí no decir absolutamente nada
tú sin esperar respuesta de mi te alejabas,
tanto o más que yo te asustaste, te acobardaste.
Quedándose en mis manos temblorosas la carta mía
que ante la sorpresa de lo sucedido no te entregué,
de haberte enterado lo que la carta contenía
comprenderías hoy por hoy por qué me acobarde.
En ella mi amor profundo sin condición te revelaba
pero al besarme y entregarme tu carta solo corrí
el miedo a pecar me turbaba, me asustaba
no queriendo que leyeras las palabras que te escribí.
El pudor me sonrojó las mejillas en el momento
tu pensando que te rechacé al instante me dejaste,
verdaderamente era un amor imposible, un gran tormento,
mas bien entiendo hoy que por eso, te alejaste.
Un amor pleno, inmenso, dulcemente maravilloso
pero lleno de impedimentos difíciles de combatir,
como duele perder algo tan sublime y hermoso
que tú y yo desolados, tengamos que existir.
Éstas dos viejas cartas contienen una bella historia
que desde que nació insondablemente tenia que morir,
un amor que nos dio a probar y saborear lo que es la euforia
lanzándonos brutalmente para un abrumador destierro vivir.
Que importa el destierro cruel si la euforia conocí
que importa la soledad si pude adorarte, abrazarte,
hoy te encuentro en la carta de amor que de ti recibí,
y yo me quedé sombría en la que no pude entregarte.
Te amaría de nuevo si tuviera la oportunidad de volver nacer,
Y al probar el néctar de tu boca derribaría con fuerzas el muro
que por una u otra causa en aquel instante nos pudo detener
porque aún te amo, te llevo clavado en mi corazón, lo juro...
Hellen Cristy
28-5-99
tan fuertemente que no pude atinar a levantarme,
después de mucho tiempo mi mano temblando abrió
la vieja carta amorosa que hace años me escribiste.
Al leerla brotaron de mis ojos amargas lágrimas
por lo nuestro, que pudo ser pero nunca sucedió
el destino empecinado en separarnos formó barreras,
descubrí lo que contenía cada línea y me conmovió.
Hoy vi lo que no me percaté en aquel entonces
que eras un hombre triste, solo, muy desdichado,
que igual a mí, te enamoraste de un imposible
lo difícil de este amor nos condenó a vivir separados.
Me amaste, eso lo supe hoy por esta vieja carta
me amaste al igual que yo, que te amé no lo niego
nuestro amor fue muy grande sin ningún sosiego
que conservar tú recuerdo en la misiva aún me espanta.
Caí en cuenta que mientras amabas un imposible,
yo amé a un hombre con amor dulce, sincero,
entre tanto tu amabas lo abstracto, lo inaccesible,
yo paralizada de pavor, nunca dije te quiero.
Cuando me besaste prontamente correspondí,
entregaste todo tu amor pues todavía lo siento
demostraste con tus caricias amarme a mí
dejándome temblorosa de amor, de sentimiento.
En la carta lo explicas, lo dices propiamente
develas con dulzura y temor a la vez que me amas,
en aquel entonces me asusté al ver tanto amor inminente
que de verte otra vez no me quedaron ganas.
Salí velozmente despavorida, muy aterrada
llevaba tanta prisa para consumar mi escape,
que preferí no decir absolutamente nada
tú sin esperar respuesta de mi te alejabas,
tanto o más que yo te asustaste, te acobardaste.
Quedándose en mis manos temblorosas la carta mía
que ante la sorpresa de lo sucedido no te entregué,
de haberte enterado lo que la carta contenía
comprenderías hoy por hoy por qué me acobarde.
En ella mi amor profundo sin condición te revelaba
pero al besarme y entregarme tu carta solo corrí
el miedo a pecar me turbaba, me asustaba
no queriendo que leyeras las palabras que te escribí.
El pudor me sonrojó las mejillas en el momento
tu pensando que te rechacé al instante me dejaste,
verdaderamente era un amor imposible, un gran tormento,
mas bien entiendo hoy que por eso, te alejaste.
Un amor pleno, inmenso, dulcemente maravilloso
pero lleno de impedimentos difíciles de combatir,
como duele perder algo tan sublime y hermoso
que tú y yo desolados, tengamos que existir.
Éstas dos viejas cartas contienen una bella historia
que desde que nació insondablemente tenia que morir,
un amor que nos dio a probar y saborear lo que es la euforia
lanzándonos brutalmente para un abrumador destierro vivir.
Que importa el destierro cruel si la euforia conocí
que importa la soledad si pude adorarte, abrazarte,
hoy te encuentro en la carta de amor que de ti recibí,
y yo me quedé sombría en la que no pude entregarte.
Te amaría de nuevo si tuviera la oportunidad de volver nacer,
Y al probar el néctar de tu boca derribaría con fuerzas el muro
que por una u otra causa en aquel instante nos pudo detener
porque aún te amo, te llevo clavado en mi corazón, lo juro...
Hellen Cristy
28-5-99