Vevero
Poeta reconocida en el portal
Como un silencio externo adomercido
como un brinco fugaz al vacio,
con la punta de mis dedos haciendo equilibrio
al borde de un trampolín de salto olímpico.
Como un cielo de ciénagas y borravinos
a punto de desamarse en diluviano regocijo.
Como mendrugo, aunque sea viejo, para los dientes del hambre que quita sueños.
Como el letargo dulce del sol en cada viaje
de extenso tiempo y kilometraje.
Como placebo, como verbo divino,
como acrobacia realizada por un niño;
también como una sombra que vislumbró un destino o un puente inestable
para cruzar el rio.
Como el beso de una madre a su hijo dormido o el último de un amor marchito.
Como un paraje extraño y descolorido
donde extraviarse en pinares que no conducen a ningún sitio.
Como un hueco o un parche,
Como el llanto cansino del que descubre el fracaso de lo que más ha querido.
Como el consuelo santo, totalmente benigno,
de la mano materna arropada de cariño.
Así, como todo esto y más que no he dicho,
me llegan las palabras susurrantes al oído.
como un brinco fugaz al vacio,
con la punta de mis dedos haciendo equilibrio
al borde de un trampolín de salto olímpico.
Como un cielo de ciénagas y borravinos
a punto de desamarse en diluviano regocijo.
Como mendrugo, aunque sea viejo, para los dientes del hambre que quita sueños.
Como el letargo dulce del sol en cada viaje
de extenso tiempo y kilometraje.
Como placebo, como verbo divino,
como acrobacia realizada por un niño;
también como una sombra que vislumbró un destino o un puente inestable
para cruzar el rio.
Como el beso de una madre a su hijo dormido o el último de un amor marchito.
Como un paraje extraño y descolorido
donde extraviarse en pinares que no conducen a ningún sitio.
Como un hueco o un parche,
Como el llanto cansino del que descubre el fracaso de lo que más ha querido.
Como el consuelo santo, totalmente benigno,
de la mano materna arropada de cariño.
Así, como todo esto y más que no he dicho,
me llegan las palabras susurrantes al oído.