G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Aún no sé si fue su risa,
o si fueron sus andares,
pero me llegó con prisa
Este amor llegó con prisa
y despacio sus pesares.
No sé si fue su aroma,
o si fueron sus caricias,
pero blanca era la rosa...
¡Ay, blanca era la rosa
y muy dulce mi agonía!
¿Qué fulgor quebró mi pecho?
¿Qué magia se hizo instante?
No hay fuego más intenso
que arda en lo más dentro,
ni una sed que más me mate.
No sé si fue su aroma,
su risa o sus andares...
Hay espinas que se clavan,
sutiles como el aire,
que del alma ya no salen
G.S.A.
o si fueron sus andares,
pero me llegó con prisa
Este amor llegó con prisa
y despacio sus pesares.
No sé si fue su aroma,
o si fueron sus caricias,
pero blanca era la rosa...
¡Ay, blanca era la rosa
y muy dulce mi agonía!
¿Qué fulgor quebró mi pecho?
¿Qué magia se hizo instante?
No hay fuego más intenso
que arda en lo más dentro,
ni una sed que más me mate.
No sé si fue su aroma,
su risa o sus andares...
Hay espinas que se clavan,
sutiles como el aire,
que del alma ya no salen
G.S.A.