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Umbría

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
UMBRÍA
Dedicado a mi amiga María Antonia Ruano López
fallecida en Enero del año 2011
a los 43 años de edad.


La vida es una risa desvanecida
en la comisura labial de la experiencia;
la imposible mímica sistémica del infinito,
lloro y carcajada,
que nos cubre al doblegar la esquina madre,
donde el corazón dicta
y la mente sueña absolutamente nada.



En un retrete yo estaba
pasando el tiempo;
apurado con el aroma,
desesperado en el intento,
que del agua aún asoma
el bulto más grasiento
que un cuchillo recortaba.


Después pasó en el centro
(el embudo no tragaba),
y en la mesa comensal
el cuchillo por olvido;
cuando alguien cortó el pan,
y estando bien metido…


“Huele”, huele mal,
tan mal huele, que el tenido,
lo dio a un zagal bien avenido,
y dijo: “sólo le falta sal”


Ramsés a la carta,
europios de moda,
payés en la barda
que porta la potra.


Pavés que se encanta
en los cuentos se aloda;
dureza en la tanta,
burbuja vejez de la toda.



Me mira Pedro,
me mira Antonio,
me mira Juan;
me miran feos,
me miran odios,
me miran mal.


¡Ay río mío,
ay río sal!
Azules nubes
y amores rosas,
de verdes jaras,
dando a las caras
el gris codal.


Yo miro el cielo,
yo miro el folio,
yo miro el mar;
me mira un río
que es pluma y sello,
en cuya tinta
aprendí a nadar.


¡Ay río mío,
ay río sal!
Azules nubes
y amores rosas,
de verdes jaras,
dando a las caras
el gris codal.


Por la avenida
llega un caudal,
exuberante del arroyuelo;
copia y afluente
de un manantial,
rivera ecuante
de un riachuelo,
lleno de aguas
todo raudal.


¡Ay río mío,
ay río sal!
Azules nubes
y amores rosas,
de verdes jaras,
dando a las caras
el gris codal.


Intento el equilibrio
de las probabilidades,
campanadas de pausado silencio
que llaman al entierro.


Tristes sones que acompañan
el sentido en la húmeda mañana.
Hoy los surcos son oscuros,
y en la lluvia oculta
se acicala sus ojos de sombras
la noche por venir,
en el ocre melancólico
de una luna milenaria.


Tantas voces en soledad
que siempre te vi alegres;
quedan lunas por pasar
de fríos que en ti se pierden.


Adiós Antonia…
Cuántas palabras de amistad
se dejaron en el callejón sin salida,
encerradas en el eco egoísta
de la voluntad insatisfecha.


El recuerdo imperecedero
que nos llena de tierra,
te lleve siempre en la memoria,
mientras viva, aun hecho piedra.
 
UMBRÍA
Dedicado a mi amiga María Antonia Ruano López

fallecida en Enero del año 2011
a los 43 años de edad.


La vida es una risa desvanecida
en la comisura labial de la experiencia;
la imposible mímica sistémica del infinito,
lloro y carcajada,
que nos cubre al doblegar la esquina madre,
donde el corazón dicta
y la mente sueña absolutamente nada.



En un retrete yo estaba
pasando el tiempo;
apurado con el aroma,
desesperado en el intento,
que del agua aún asoma
el bulto más grasiento
que un cuchillo recortaba.


Después pasó en el centro
(el embudo no tragaba),
y en la mesa comensal
el cuchillo por olvido;
cuando alguien cortó el pan,
y estando bien metido…


“Huele”, huele mal,

tan mal huele, que el tenido,
lo dio a un zagal bien avenido,
y dijo: “sólo le falta sal”


Ramsés a la carta,

europios de moda,
payés en la barda
que porta la potra.


Pavés que se encanta

en los cuentos se aloda;
dureza en la tanta,
burbuja vejez de la toda.



Me mira Pedro,

me mira Antonio,
me mira Juan;
me miran feos,
me miran odios,
me miran mal.


¡Ay río mío,

ay río sal!
Azules nubes
y amores rosas,
de verdes jaras,
dando a las caras
el gris codal.


Yo miro el cielo,

yo miro el folio,
yo miro el mar;
me mira un río
que es pluma y sello,
en cuya tinta
aprendí a nadar.


¡Ay río mío,

ay río sal!
Azules nubes
y amores rosas,
de verdes jaras,
dando a las caras
el gris codal.


Por la avenida

llega un caudal,
exuberante del arroyuelo;
copia y afluente
de un manantial,
rivera ecuante
de un riachuelo,
lleno de aguas
todo raudal.


¡Ay río mío,

ay río sal!
Azules nubes
y amores rosas,
de verdes jaras,
dando a las caras
el gris codal.


Intento el equilibrio

de las probabilidades,
campanadas de pausado silencio
que llaman al entierro.


Tristes sones que acompañan

el sentido en la húmeda mañana.
Hoy los surcos son oscuros,
y en la lluvia oculta
se acicala sus ojos de sombras
la noche por venir,
en el ocre melancólico
de una luna milenaria.


Tantas voces en soledad

que siempre te vi alegres;
quedan lunas por pasar
de fríos que en ti se pierden.


Adiós Antonia…

Cuántas palabras de amistad
se dejaron en el callejón sin salida,
encerradas en el eco egoísta
de la voluntad insatisfecha.


El recuerdo imperecedero

que nos llena de tierra,
te lleve siempre en la memoria,
mientras viva, aun hecho piedra.
Una dedicatoria donde se aproxima el verdadero sentido de la vida. me gustaron
mucho las imagenes utilizadas. saludos amables de luzyabsenta
 
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