Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eran campos rojizos teñidos de sangre
Por hombre moribundos
Que entregaban sus vidas
Sus almas, su dignidad
Eran cuerpo de niños y hombres
Mutilados por armas, por guerra
Por hambre, por soledad
Eran armas de guerra
Que cegaron sus ojos
Que ya no vieron más
Un amanecer victorioso
Un anochecer laborioso
Una vida de pesar
Eran aves de acero
Que escupían fuego por sus bocas
Y lanzaban al viento
Sus heces de muerte por atrás
Heces que cubrían todo a su paso
Dejando a la tierra desolada
Y sin habitad
¿Cuántos cayeron?
¡Nunca se sabrá¡
Eran mujeres
Las que gritaban al cielo piedad
Eran mujeres las que cayeron
Aplastadas por la maldad
La maldad de aquellas aves
Que no vieron, raza, sexo, o humildad
De aquellas armas de guerra
Que no miraban más allá
Disparaban, disparaban sin cesar
Eran niños
Que aun en los vientres de sus madres
Lloraban sin parar
La muerte de sus hermanos
De su gente y su tierra natal
Niños que sin ver la luz del sol
Entregaban su vida sin oportunidad
¿Cuántos cayeron?
¿Quién lo sabrá?
Eran campos rojizos
Con olor a podredumbre
Cubiertos de brazos y piernas
O de cuerpos caídos sin batallar
Campos cubiertos de cuerpos
Sin ninguna razón
Quizá razón de bala, razón de granada
O razón de matar
Eran lágrimas derramadas por un pueblo
Que lloraba sangre a cantidad
Era un pueblo que luchaba
Por su vida, por su libertad
Contra un monstruo llamado imperio
Llamado capital
Benditos aquellos que derramaron su sangre
Para cubrir aquel campo
Que no se habrán de olvidar
Malditos aquellos que cegaron sus vidas
Porque nunca tendrán paz
Por hombre moribundos
Que entregaban sus vidas
Sus almas, su dignidad
Eran cuerpo de niños y hombres
Mutilados por armas, por guerra
Por hambre, por soledad
Eran armas de guerra
Que cegaron sus ojos
Que ya no vieron más
Un amanecer victorioso
Un anochecer laborioso
Una vida de pesar
Eran aves de acero
Que escupían fuego por sus bocas
Y lanzaban al viento
Sus heces de muerte por atrás
Heces que cubrían todo a su paso
Dejando a la tierra desolada
Y sin habitad
¿Cuántos cayeron?
¡Nunca se sabrá¡
Eran mujeres
Las que gritaban al cielo piedad
Eran mujeres las que cayeron
Aplastadas por la maldad
La maldad de aquellas aves
Que no vieron, raza, sexo, o humildad
De aquellas armas de guerra
Que no miraban más allá
Disparaban, disparaban sin cesar
Eran niños
Que aun en los vientres de sus madres
Lloraban sin parar
La muerte de sus hermanos
De su gente y su tierra natal
Niños que sin ver la luz del sol
Entregaban su vida sin oportunidad
¿Cuántos cayeron?
¿Quién lo sabrá?
Eran campos rojizos
Con olor a podredumbre
Cubiertos de brazos y piernas
O de cuerpos caídos sin batallar
Campos cubiertos de cuerpos
Sin ninguna razón
Quizá razón de bala, razón de granada
O razón de matar
Eran lágrimas derramadas por un pueblo
Que lloraba sangre a cantidad
Era un pueblo que luchaba
Por su vida, por su libertad
Contra un monstruo llamado imperio
Llamado capital
Benditos aquellos que derramaron su sangre
Para cubrir aquel campo
Que no se habrán de olvidar
Malditos aquellos que cegaron sus vidas
Porque nunca tendrán paz
Escrito en 1992 en homenaje a las personas inocentes que mueren en las sangrientas guerrasque sin razon se libran en nuestro planeta
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