Bondad de la quimera
que me pierde entre amapolas,
pulverizadas para su fortuna
en exploradoras juventudes.
Maldita vez primera
en un juego de corolas
inhaladas en vida taciturna
exponenciando las virtudes.
Arena a la sombra de la palmera
azotada por salitrosas olas
que de manera lejos de oportuna
se aglutina en desorden e inexactitudes.
Pues el caos de su vez somera
al entregarse toda, a solas,
desvistió su piel aceituna
intercambiando gratitudes.
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