coral
Una dama muy querida en esta casa.
El día especial
¡Destilan alegres los frugales besos!
La hora feliz, es como un segundo,
rosas rojas, pétalos al viento
perfumando sueños.
Quedan las corolas llenas de lamentos,
se perdió la historia, se cantó hacia el cielo,
en el pavimento, quedaron las hojas
pisoteadas, ajadas, sin savia,
entre humaredas de alguna portada;
preámbulo triste, día de recuerdos ,
pasa aquel segundo de abrazos y besos
y en los carruseles dan vuelta de nuevo
los mil pensamientos.
¡Tan sólo una hora, tan sólo un segundo!
para los abrazos y el dulce murmullo,
de vocablos tiernos,
sintiéndose amada,
sintiéndose niña, admirando rosas
hijos en capullos.
Y al caer la tarde, con gran hermosura
se cierran los velos, se oscurece el cielo
y la soledad, de nuevo en los aposentos
con tristes recuerdos flotando suspiros.
Recuerdos vetustos
corazón que aún vive
Pero solitario, desde ¡ha! mucho tiempo.
Quizás una aurora renazca de nuevo
en alguna hora que se hace un segundo,
quizás en sus brazos
retoce su cansado cuerpo y escuche al oído
un sentimental vocablo de amor y respeto
a la madre amada de todos los tiempos.
Prudencia Arenas.
Coral
¡Destilan alegres los frugales besos!
La hora feliz, es como un segundo,
rosas rojas, pétalos al viento
perfumando sueños.
Quedan las corolas llenas de lamentos,
se perdió la historia, se cantó hacia el cielo,
en el pavimento, quedaron las hojas
pisoteadas, ajadas, sin savia,
entre humaredas de alguna portada;
preámbulo triste, día de recuerdos ,
pasa aquel segundo de abrazos y besos
y en los carruseles dan vuelta de nuevo
los mil pensamientos.
¡Tan sólo una hora, tan sólo un segundo!
para los abrazos y el dulce murmullo,
de vocablos tiernos,
sintiéndose amada,
sintiéndose niña, admirando rosas
hijos en capullos.
Y al caer la tarde, con gran hermosura
se cierran los velos, se oscurece el cielo
y la soledad, de nuevo en los aposentos
con tristes recuerdos flotando suspiros.
Recuerdos vetustos
corazón que aún vive
Pero solitario, desde ¡ha! mucho tiempo.
Quizás una aurora renazca de nuevo
en alguna hora que se hace un segundo,
quizás en sus brazos
retoce su cansado cuerpo y escuche al oído
un sentimental vocablo de amor y respeto
a la madre amada de todos los tiempos.
Prudencia Arenas.
Coral
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