Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
no pudieron perderse
en el abraso de tu beso,
el fuego azul corría en
otras partes de mi cuerpo,
incendiaba cada vello,
cada poro,
cada vena,
las ganas todas,
mi piel que se curtía con el fuego
de la tuya flor sembrada en horizonte,
no pude perderme en tu mirada
de obsidiana, intuyo que mis ojos
estaban volando en otro plano,
sospecho que cerraste las ventanas,
la lluvia de tu aliento se escurrió
despacio,
lento,
como sollozo de gruta buscando reposar el alma,
como llanto de lluvia ocultando otras miradas.
Tus labios saben cuánto es mi deseo de hacerte
un altar sobre tu piel de tarde en compañía,
tus labios saben que en mis labios
se derriten, piel de miel y de canela.
Due® 17.5.11 en una tarde donde a la vida se le hace tarde.
en el abraso de tu beso,
el fuego azul corría en
otras partes de mi cuerpo,
incendiaba cada vello,
cada poro,
cada vena,
las ganas todas,
mi piel que se curtía con el fuego
de la tuya flor sembrada en horizonte,
no pude perderme en tu mirada
de obsidiana, intuyo que mis ojos
estaban volando en otro plano,
sospecho que cerraste las ventanas,
la lluvia de tu aliento se escurrió
despacio,
lento,
como sollozo de gruta buscando reposar el alma,
como llanto de lluvia ocultando otras miradas.
Tus labios saben cuánto es mi deseo de hacerte
un altar sobre tu piel de tarde en compañía,
tus labios saben que en mis labios
se derriten, piel de miel y de canela.
Due® 17.5.11 en una tarde donde a la vida se le hace tarde.
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