Vevero
Poeta reconocida en el portal
Mi piel cubierta con los disfraces que el tiempo le obsequió en la vida,
sonajeros pasatistas de miradas marchitas,
que dañaron este cuerpo que hoy afanoso - me habita;
fue cubriendo de cerrojos las salidas de esta laberíntica rutina.
Después vino el silencio a ofrecer su compañía;
y yo, como anfitriona, generosa y compasiva, no supe explicarle, entonces,
cuánto este misterio dolía
Y tapié todas las ventanas por las que la lumbre hundía,
pasivamente, los rayos que regaban mi alegría.
Así me creció el dolor y la tristeza infinita;
y, del que alguna vez me amó, sólo quedó la mentira.
Hoy, ya en la intemperie, despojada de sonrisas,
me acurruco en un rincón mientras lisonjeó caricias.
sonajeros pasatistas de miradas marchitas,
que dañaron este cuerpo que hoy afanoso - me habita;
fue cubriendo de cerrojos las salidas de esta laberíntica rutina.
Después vino el silencio a ofrecer su compañía;
y yo, como anfitriona, generosa y compasiva, no supe explicarle, entonces,
cuánto este misterio dolía
Y tapié todas las ventanas por las que la lumbre hundía,
pasivamente, los rayos que regaban mi alegría.
Así me creció el dolor y la tristeza infinita;
y, del que alguna vez me amó, sólo quedó la mentira.
Hoy, ya en la intemperie, despojada de sonrisas,
me acurruco en un rincón mientras lisonjeó caricias.