susi underground
Poeta que considera el portal su segunda casa
Kerouac se emborracha de amor...
Te conocí en Durango, Tristessa, triste Teresa.
Una cantina en el desierto, una máquina de escribir
y mis bolsillos llenos de anfetaminas.
El color de tu piel no lo había visto nunca, yo,
nacido en la Canadá francesa.
Se la chupabas a los gringos barrigudos y colorados
por un sol que no admitían sus genes europeos,
obligados al sombrío surco de una luz siempre oblicua.
Tenía tu boca el rictus de la muñeca hinchable sin aire,
tus dormilones ojos miraban hacia abajo en busca
de un lucero perdido entre basura y lodo, tus manos
eran líneas de ala de mosca volando sin rumbo,
picaduras de avispa tatuaban las venas de tus brazos.
Te conocí en Durango, Tristessa, dulce Teresa.
Y ahora es cuando Dylan hace la canción...
Te conocí en Durango, Tristessa, triste Teresa.
Una cantina en el desierto, una máquina de escribir
y mis bolsillos llenos de anfetaminas.
El color de tu piel no lo había visto nunca, yo,
nacido en la Canadá francesa.
Se la chupabas a los gringos barrigudos y colorados
por un sol que no admitían sus genes europeos,
obligados al sombrío surco de una luz siempre oblicua.
Tenía tu boca el rictus de la muñeca hinchable sin aire,
tus dormilones ojos miraban hacia abajo en busca
de un lucero perdido entre basura y lodo, tus manos
eran líneas de ala de mosca volando sin rumbo,
picaduras de avispa tatuaban las venas de tus brazos.
Te conocí en Durango, Tristessa, dulce Teresa.
Y ahora es cuando Dylan hace la canción...
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