Vevero
Poeta reconocida en el portal
Pájaro fui de un estío verde almidonado
de sempiternas dagas a mi costado,
y tu luz fue la alquimia
de lo esperado;
tu caricia, el goce de mis letargos,
que cubrió las llagas de este pasado.
Así soñado, apenas despertado,
dibujas las sonrisas en mi rostro mancillado.
Mira qué ramas nuevas
teje el viento para tu canto
en mi follaje de escasos años.
Tu sol sombrío de cada levante
recoge el rocío nacido en mis labios
que te nombraron toda la noche
tras ojos cerrados.
Mira qué tibia tengo la tarde
en tu nuevo verano,
nos invita a hacernos de noche
en lunas y nardos
de lentos eclipses:
No teman echar raíces
tus alas entre mis manos.
Con la premura de los necesitados,
construyo mi nuevo nido en la copa de tu árbol.
Dolida, repliego mis añosos fracasos
y beso tu verde juventud
con los mismos labios que pronuncian tu nombre,
entregados.
¡Despierta, Amor,
y vela por lo que hemos consagrado!
Vevero y Veramar
de sempiternas dagas a mi costado,
y tu luz fue la alquimia
de lo esperado;
tu caricia, el goce de mis letargos,
que cubrió las llagas de este pasado.
Así soñado, apenas despertado,
dibujas las sonrisas en mi rostro mancillado.
Mira qué ramas nuevas
teje el viento para tu canto
en mi follaje de escasos años.
Tu sol sombrío de cada levante
recoge el rocío nacido en mis labios
que te nombraron toda la noche
tras ojos cerrados.
Mira qué tibia tengo la tarde
en tu nuevo verano,
nos invita a hacernos de noche
en lunas y nardos
de lentos eclipses:
No teman echar raíces
tus alas entre mis manos.
Con la premura de los necesitados,
construyo mi nuevo nido en la copa de tu árbol.
Dolida, repliego mis añosos fracasos
y beso tu verde juventud
con los mismos labios que pronuncian tu nombre,
entregados.
¡Despierta, Amor,
y vela por lo que hemos consagrado!
Vevero y Veramar