Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las preñada y negras nubes
cubren el horizonte, huyen,
se agitan, rompen la calma
y el agua rasga y fluye
Mil látigos luminosos
cruzan el cielo en la noche.
Serpenteantes, rabiosos,
van volando en un derroche
de luminoso poder.
Entre las nubes gigantes
gimiente el viento resopla,
en aquel caos sangrante
y arroja con fuerza al trueno
golpeado por el fuego.
Jirones de cielos caen,
arrastrados aquel juego.
Braman las nubes heridas,
temiendo en cada momento
ser el azote del rayo
en su deambular violento.
La ciudad intimidada
aparece adormecida
temerosa en cada instante
ser arrasada, engullida.
cubren el horizonte, huyen,
se agitan, rompen la calma
y el agua rasga y fluye
Mil látigos luminosos
cruzan el cielo en la noche.
Serpenteantes, rabiosos,
van volando en un derroche
de luminoso poder.
Entre las nubes gigantes
gimiente el viento resopla,
en aquel caos sangrante
y arroja con fuerza al trueno
golpeado por el fuego.
Jirones de cielos caen,
arrastrados aquel juego.
Braman las nubes heridas,
temiendo en cada momento
ser el azote del rayo
en su deambular violento.
La ciudad intimidada
aparece adormecida
temerosa en cada instante
ser arrasada, engullida.