cesarfco.cd
Poeta que no puede vivir sin el portal
Las personas brindamos consejos que a veces nosotros mismos no podemos seguir. Clamamos por respeto y alegamos tal vez sin el consentimiento de aquellos que nos escuchan.
Somos dados a expresar nuestras opiniones sin tener el adecuado tacto para ver que el mensaje sea comprendido sin llegar a ofender.
Cada palabra puede ser un consuelo o por el contrario un flagelo.
Es sabido que el ejemplo arrastra, así como las palabras congelan el fuego.
He leído hasta extasiarme y en ocasiones he encontrado temas que hacen que me de palmadas en la cabeza.
Hay maestros en ciencias que tienen el conocimiento pero carecen de la dicción, expresión y espontaneidad para enseñarlo.
La falta de tacto ha desencadenado guerras...
No puedo pedir al mundo ser más cauto... sin embargo puedo hacerlo yo mismo e invitar con el ejemplo a que seamos varios.
Podemos elogiar a una dama, sin llegarla a ofender.
De la misma manera se puede instruir a un adulto sin que parezca una reprimenda.
Al joven, manojo de inocencia, podemos preguntarle su parecer y compartir la mucha o poca experiencia que tengamos. He encontrado que en las situaciones de mayor apuro, cuando la solución escapa a todos, que es precisamente la juventud quien ofrece la respuesta correcta, pues ellos la ven sin adornos, sin tonteras políticas.
Con tacto podremos construir más puentes entre esta generación, la pasada y la venidera.
Somos dados a expresar nuestras opiniones sin tener el adecuado tacto para ver que el mensaje sea comprendido sin llegar a ofender.
Cada palabra puede ser un consuelo o por el contrario un flagelo.
Es sabido que el ejemplo arrastra, así como las palabras congelan el fuego.
He leído hasta extasiarme y en ocasiones he encontrado temas que hacen que me de palmadas en la cabeza.
Hay maestros en ciencias que tienen el conocimiento pero carecen de la dicción, expresión y espontaneidad para enseñarlo.
La falta de tacto ha desencadenado guerras...
No puedo pedir al mundo ser más cauto... sin embargo puedo hacerlo yo mismo e invitar con el ejemplo a que seamos varios.
Podemos elogiar a una dama, sin llegarla a ofender.
De la misma manera se puede instruir a un adulto sin que parezca una reprimenda.
Al joven, manojo de inocencia, podemos preguntarle su parecer y compartir la mucha o poca experiencia que tengamos. He encontrado que en las situaciones de mayor apuro, cuando la solución escapa a todos, que es precisamente la juventud quien ofrece la respuesta correcta, pues ellos la ven sin adornos, sin tonteras políticas.
Con tacto podremos construir más puentes entre esta generación, la pasada y la venidera.