Marisa
Poeta adicto al portal
MELANCÓLICOS RECUERDOS
Recuerdo a veces los años
en los que triste sufría
porque el amor que quería,
se habia marchado lejos.
Más, después de tres largas semanas,
volvía a mí, como ave pasajera
que venía a mi nido de visita
emigrando al sexto día.
Yo me lamentaba, escondiendo
mi cara entre los hermosos bucles
de mi larga melena, para disimular,
las ya angustiadas lagrimas.
Sentía mi cuerpo arrastrado,
hasta el anden de mis exhaustos
y melancólicos recuerdos.
Ese desgarbado y aparatoso tren,
se mostraba risueño y suspicaz,
burlando, con sus iluminados ojos,
toda mi desesperada y húmeda faz
llevándose consigo,
mi entrecortado aliento,
en ese oscuro vagón.
Y tú, tras la cristalina mampara,
de su desdichada ventanilla
agitabas tu fuerte mano,
con un adiós infinito.
Jamás nadie podrá calcular,
ni tan siquiera con miles
de formulas matemáticas,
mi embriagada tristeza.
Y mi alma, se sentía perdida,
contando mentalmente,
una cuenta atrás de retorno,
para volver a tenerte conmigo.
Maldito tren de mi desdicha,
porque te llevas tan lejos,
al ser que me da la vida,
pues voy a echarlo de menos,
durante estos veintiún días.
Recuerdo a veces los años
en los que triste sufría
porque el amor que quería,
se habia marchado lejos.
Más, después de tres largas semanas,
volvía a mí, como ave pasajera
que venía a mi nido de visita
emigrando al sexto día.
Yo me lamentaba, escondiendo
mi cara entre los hermosos bucles
de mi larga melena, para disimular,
las ya angustiadas lagrimas.
Sentía mi cuerpo arrastrado,
hasta el anden de mis exhaustos
y melancólicos recuerdos.
Ese desgarbado y aparatoso tren,
se mostraba risueño y suspicaz,
burlando, con sus iluminados ojos,
toda mi desesperada y húmeda faz
llevándose consigo,
mi entrecortado aliento,
en ese oscuro vagón.
Y tú, tras la cristalina mampara,
de su desdichada ventanilla
agitabas tu fuerte mano,
con un adiós infinito.
Jamás nadie podrá calcular,
ni tan siquiera con miles
de formulas matemáticas,
mi embriagada tristeza.
Y mi alma, se sentía perdida,
contando mentalmente,
una cuenta atrás de retorno,
para volver a tenerte conmigo.
Maldito tren de mi desdicha,
porque te llevas tan lejos,
al ser que me da la vida,
pues voy a echarlo de menos,
durante estos veintiún días.
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