ludmila
Poeta veterano en el portal
En la sonoridad del viento
se escucha un tendón dolido,
la tirantez del pliegue extendido
por el deseo de retener tu mano.
Frío el azul embajador del suelo
en que nos extrañamos.
Acorde de bordonas
en el aquelarre de mieles compartidas.
Un susurro de heridas
que no gritan por que están ahogadas.
Liviandad en la pulsión
que late en la esquina
de tantas inscripciones vanas,
buscando tal vez un decálogo
de caricias subcutáneas,
porque la superficie de la piel
ya no alcanza.
Deseo que se añeja en el suburbio
de tus venas
porque el cansancio
desalojó el encanto
de marchitar la posibilidad
de cobijarlo todo
de soportar la nada
se escucha un tendón dolido,
la tirantez del pliegue extendido
por el deseo de retener tu mano.
Frío el azul embajador del suelo
en que nos extrañamos.
Acorde de bordonas
en el aquelarre de mieles compartidas.
Un susurro de heridas
que no gritan por que están ahogadas.
Liviandad en la pulsión
que late en la esquina
de tantas inscripciones vanas,
buscando tal vez un decálogo
de caricias subcutáneas,
porque la superficie de la piel
ya no alcanza.
Deseo que se añeja en el suburbio
de tus venas
porque el cansancio
desalojó el encanto
de marchitar la posibilidad
de cobijarlo todo
de soportar la nada