Tengo abiertos los poros
a la fiebre veraz de su tragedia
de sabor y de lágrimas con nombre,
con nombre de poema y de ciprés.
Y se atreven con todo
lo que inaugure el viento,
si es que acaso es la voz que has desnudado
en una brisa tímida del sur,
o es la luz primorosa del encuentro
entre sombras de ganas,
o es tu aliento callado
y sin embargo lleno de volúmenes
clandestinos del agua.
Tengo ganas de ti
sin límites ni códigos,
ni arrecifes de tiempo,
con la piel ocupada en desembocaduras
que me empapen de ti, que no me nieguen
ni una gota de azar
en el número exacto de nuestro mestizaje,
acurrucado en ti para que me lo beba
una tarde cualquiera de febrero
cuando el crepúsculo ya sea el alba.
a la fiebre veraz de su tragedia
de sabor y de lágrimas con nombre,
con nombre de poema y de ciprés.
Y se atreven con todo
lo que inaugure el viento,
si es que acaso es la voz que has desnudado
en una brisa tímida del sur,
o es la luz primorosa del encuentro
entre sombras de ganas,
o es tu aliento callado
y sin embargo lleno de volúmenes
clandestinos del agua.
Tengo ganas de ti
sin límites ni códigos,
ni arrecifes de tiempo,
con la piel ocupada en desembocaduras
que me empapen de ti, que no me nieguen
ni una gota de azar
en el número exacto de nuestro mestizaje,
acurrucado en ti para que me lo beba
una tarde cualquiera de febrero
cuando el crepúsculo ya sea el alba.