deyraidanvic
Poeta adicto al portal
En el patio de la casa de la familia Páez -Páez, todos los años, en el mes de mayo se reunían para celebrar el día de las madres.
Recuerdo que yo, su nieto consentido me gustaba obsequiarle una bella canción que compuse para ella., así aprovechaba el momento para hacer notar mis dotes de músico criollo ante todos los invitados.
Ya entrada la tarde, cuando el sol comenzaba a bostezar para irse a dormir arropándose con el manto negro que arroja el crepúsculo, comenzaron a llegar los invitados; cada quien con un regalo para la matrona mayor.
El patio de la casa fue ambientado para ese familiar e inolvidable encuentro, con mesas vestidas de rosa y blanco, adornadas con flores de hermosos colores, y variedad de platos exquisitos siguiendo la costumbre de los llanos.
Mi tío trajo su grupo de música criolla con el cual comenzó la alegría de la fiesta, homenajeando a las madres con su canción preferida para ti madre querida
Mi abuela sentada en un sillón forrado en cuero de ganado, escuchaba con emoción cada palabra que se desprendía de la canción como un ramillete de flores, cuya esencia perfumaba su alegría haciéndola sentir como una reina.
Después que mi tío canto, recibió un homenaje de aplausos de todos los presentes, en ese momento me cedió el turno dándome la bienvenida como nuevo talento criollo de la familia.
¡Bravo, bravo! ¡Que cante Jesús, que cante!
Dije : ¡Música maestro! Comencé en un suspiro la letra prometida a mi vieja.
Para mi vieja querida
con alma de ángel sufrida
dejame decirle cuanto,
yo te quiero en mi vida
por criarme con esmero
e inculcarme educación
desde que mi madre se fue
pal cielo con el señor.
Las hurras de alegría se dejaban oír con tanta algarabía y entre tantos aplausos, pero no pude terminar la canción al ver que mi abuela se puso lívida en su sillón.
Corrí veloz, como un relámpago llegue hasta donde se encontraba mi abuela, sujetándola entre los brazos le pregunte que tenia, ella no respondió solo me miraba con la misma ternura de siempre, era como si quería decirme algo que nunca llego a pronunciar; porque; en ese instante se retorció de dolor saliéndole por la boca una ola de sangre que me baño la camisa. Su cabeza quedo recostada en mi pecho como si estuviera dormida.
Una mariposa negra que revoleteaba perdida entre las luces de los bombillos fue a posarse en su blanca cabellera; parecía que la estaba despidiendo con un beso, o la adornaba para que partiera hermosa hacia el otro mundo.
Fue cruel mirar como mi abuela murió cuando todos sus hijos, hijas, nueros, nueras, nietos y nietas le dábamos una linda fiesta de homenaje en el día de las madres.
Por los valles del cielo
donde te fuiste andar
dejare una copla recia
yo se que te va a gustar
échame la bendición
desde arriba de tu altar.
Te amo abuela, sé que no estás sola, ahora estas con mi madre; y en el cielo nos veremos cuando mi misión se acabe.
Recuerdo que yo, su nieto consentido me gustaba obsequiarle una bella canción que compuse para ella., así aprovechaba el momento para hacer notar mis dotes de músico criollo ante todos los invitados.
Ya entrada la tarde, cuando el sol comenzaba a bostezar para irse a dormir arropándose con el manto negro que arroja el crepúsculo, comenzaron a llegar los invitados; cada quien con un regalo para la matrona mayor.
El patio de la casa fue ambientado para ese familiar e inolvidable encuentro, con mesas vestidas de rosa y blanco, adornadas con flores de hermosos colores, y variedad de platos exquisitos siguiendo la costumbre de los llanos.
Mi tío trajo su grupo de música criolla con el cual comenzó la alegría de la fiesta, homenajeando a las madres con su canción preferida para ti madre querida
Mi abuela sentada en un sillón forrado en cuero de ganado, escuchaba con emoción cada palabra que se desprendía de la canción como un ramillete de flores, cuya esencia perfumaba su alegría haciéndola sentir como una reina.
Después que mi tío canto, recibió un homenaje de aplausos de todos los presentes, en ese momento me cedió el turno dándome la bienvenida como nuevo talento criollo de la familia.
¡Bravo, bravo! ¡Que cante Jesús, que cante!
Dije : ¡Música maestro! Comencé en un suspiro la letra prometida a mi vieja.
Para mi vieja querida
con alma de ángel sufrida
dejame decirle cuanto,
yo te quiero en mi vida
por criarme con esmero
e inculcarme educación
desde que mi madre se fue
pal cielo con el señor.
Las hurras de alegría se dejaban oír con tanta algarabía y entre tantos aplausos, pero no pude terminar la canción al ver que mi abuela se puso lívida en su sillón.
Corrí veloz, como un relámpago llegue hasta donde se encontraba mi abuela, sujetándola entre los brazos le pregunte que tenia, ella no respondió solo me miraba con la misma ternura de siempre, era como si quería decirme algo que nunca llego a pronunciar; porque; en ese instante se retorció de dolor saliéndole por la boca una ola de sangre que me baño la camisa. Su cabeza quedo recostada en mi pecho como si estuviera dormida.
Una mariposa negra que revoleteaba perdida entre las luces de los bombillos fue a posarse en su blanca cabellera; parecía que la estaba despidiendo con un beso, o la adornaba para que partiera hermosa hacia el otro mundo.
Fue cruel mirar como mi abuela murió cuando todos sus hijos, hijas, nueros, nueras, nietos y nietas le dábamos una linda fiesta de homenaje en el día de las madres.
Por los valles del cielo
donde te fuiste andar
dejare una copla recia
yo se que te va a gustar
échame la bendición
desde arriba de tu altar.
Te amo abuela, sé que no estás sola, ahora estas con mi madre; y en el cielo nos veremos cuando mi misión se acabe.