Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
hay lugares, calles, avenidas,
ciudades enteras
en donde las aguas encogen los espacios,
en donde no queda
más que tomar calma con gotas homeopáticas,
en donde los sitios publicitarios nunca más
sabrán a corazón entrelazado con tu nombre y
el mio y
viceversa,
hay parques en donde las estatuas
se reúsan a ser el asidero
de palomas mensajeras que no han sabido
darle vida a la correspondencia y
se dan por bien vencidas
ante las sombras de ajenos clandestinos que se besan,
hay avenidas con esquinas como axilas arboladas
en donde los espacios se contraen al recordar el reposo
de las rabias sobre un pecho con lunares de luceros y
músicos trashumantes que recorren las entrañas y
las venas y
las pieles de las calles donde no estuvimos, y
que sin embargo,
sin empacho,
sin memoria recuerdan la canción que nos debemos,
hay ciudades que recorro como cuerpos con las dedos
recordando de nuevo los misterios de tus cejas,
extrañándote,
creando fantasías para hacerme a la idea de que nunca exististe,
bautizando fuentes con sus propias aguas y
distinto nombre para conjurar los espacios que se encogen.
Due 17.7.11 en una madrugada en la que el sólo recordarte pulveriza las cobijas, las almohadas y los sueños donde nunca nos dormimos.
ciudades enteras
en donde las aguas encogen los espacios,
en donde no queda
más que tomar calma con gotas homeopáticas,
en donde los sitios publicitarios nunca más
sabrán a corazón entrelazado con tu nombre y
el mio y
viceversa,
hay parques en donde las estatuas
se reúsan a ser el asidero
de palomas mensajeras que no han sabido
darle vida a la correspondencia y
se dan por bien vencidas
ante las sombras de ajenos clandestinos que se besan,
hay avenidas con esquinas como axilas arboladas
en donde los espacios se contraen al recordar el reposo
de las rabias sobre un pecho con lunares de luceros y
músicos trashumantes que recorren las entrañas y
las venas y
las pieles de las calles donde no estuvimos, y
que sin embargo,
sin empacho,
sin memoria recuerdan la canción que nos debemos,
hay ciudades que recorro como cuerpos con las dedos
recordando de nuevo los misterios de tus cejas,
extrañándote,
creando fantasías para hacerme a la idea de que nunca exististe,
bautizando fuentes con sus propias aguas y
distinto nombre para conjurar los espacios que se encogen.
Due 17.7.11 en una madrugada en la que el sólo recordarte pulveriza las cobijas, las almohadas y los sueños donde nunca nos dormimos.
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