Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Pasado
Cuando todo haya pasado
como pasa el agua entre los dedos,
el jabón entre el cabello o un suspiro ajeno,
como se disuelve en la piel un universo, uno y
otro y
otro verso que jamás nació por no tener el valor
de soportar el amor y
la correspondencia del amor después del amor.
Cuando las avispas se hayan pensionado y
la sal y
el azúcar no distraigan mas el sabor de lo normal,
del arroz,
de tu piel de leche,
de la luna,
de la media luna,
del recuerdo del anzuelo acerado de tus labios, y
el color azul de tu voz se le haya olvidado a mis dedos necios que aún te escriben
o por lo menos la haya escondido en medio del ardor de tu silencio, y
tu cuerpo en mis manos se haya derretido al fin
en un inmaduro verano y
tus pasos ya no suenen como gatos cebados por el celo
en las cornisas de mis noches
que mueren sin piedad en el insomnio de mis sueños.
Cuando todo haya pasado
como pasa el olvido mancillando los recuerdos y
no exista mas el aroma manzanilla de tu boca
ni los lunares de tu piel envidia de canela y
mascabado y
todo sea verdad
como la distancia que habita en la mesa
entre el pan
el café y
el diario que jamás me dice nada, y
lo nuestro sea ya un telón oscuro en la obra que montamos y
mis dedos serpenteen sobre otra piel otro papel o el teclado y
escriban sentencias sobre sobres blancos rehusándome a los pagos,
tal vez, no lo sé, mis ojos te recuerden, mirando hacia otro lado.
Gayo 24.7.11 En una tarde de lluvia amenazante pero menuda que levanta aromas que sólo estaban es su piel el día que no quiso el verso en su pecho.
Nota 1. ¿Será que la lluvia es hermana de la nostalgia?
Nota 3. La nota 2 sigue de luna de miel con el notario con el que contrajo nupcias.
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Cuando todo haya pasado
como pasa el agua entre los dedos,
el jabón entre el cabello o un suspiro ajeno,
como se disuelve en la piel un universo, uno y
otro y
otro verso que jamás nació por no tener el valor
de soportar el amor y
la correspondencia del amor después del amor.
Cuando las avispas se hayan pensionado y
la sal y
el azúcar no distraigan mas el sabor de lo normal,
del arroz,
de tu piel de leche,
de la luna,
de la media luna,
del recuerdo del anzuelo acerado de tus labios, y
el color azul de tu voz se le haya olvidado a mis dedos necios que aún te escriben
o por lo menos la haya escondido en medio del ardor de tu silencio, y
tu cuerpo en mis manos se haya derretido al fin
en un inmaduro verano y
tus pasos ya no suenen como gatos cebados por el celo
en las cornisas de mis noches
que mueren sin piedad en el insomnio de mis sueños.
Cuando todo haya pasado
como pasa el olvido mancillando los recuerdos y
no exista mas el aroma manzanilla de tu boca
ni los lunares de tu piel envidia de canela y
mascabado y
todo sea verdad
como la distancia que habita en la mesa
entre el pan
el café y
el diario que jamás me dice nada, y
lo nuestro sea ya un telón oscuro en la obra que montamos y
mis dedos serpenteen sobre otra piel otro papel o el teclado y
escriban sentencias sobre sobres blancos rehusándome a los pagos,
tal vez, no lo sé, mis ojos te recuerden, mirando hacia otro lado.
Gayo 24.7.11 En una tarde de lluvia amenazante pero menuda que levanta aromas que sólo estaban es su piel el día que no quiso el verso en su pecho.
Nota 1. ¿Será que la lluvia es hermana de la nostalgia?
Nota 3. La nota 2 sigue de luna de miel con el notario con el que contrajo nupcias.
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