Syd Carlyle
Poeta recién llegado
Deliro.
Mezclo realidad y sueño.
Camino por la calle recta y asfaltada
y siento la perfecta interrelación de todo.
Me asombra la simetría heterogénea del conjunto;
la regularidad caótica de todo lo que puedo ver.
-Toda la ciudad se me despedaza en fractales-
Aquellos faroles que flotan tras los tejados
dibujan el brillo de un mapa sublime y cifrado,
y cientos de jeroglíficos rotos forman las calles,
ordenándose en un monótono caos de movimiento.
Veo los relieves y las perspectivas,
y todo se alterna, y se sucede,
y cambia por los ejes del tiempo,
mutante, multiforme, enrevesado,
aparentemente comprensible,
inaccesible, hirviendo de vida,
transmutándose en muerte.
Por las calles,
miles de realidades y pensamientos se superponen.
Ángulos agudos de colores oblicuos bailan entre-cabezas,
Remolinos de tiempo y de cristal deliran bajo los cielos,
Partículas de piel muerta flotan por el seno claro del aire,
monstruosos filamentos de ébano caen sobre los hombres,
arrastrándolos como muñecos ciegos hacia su destino,
arrastrándolos como carne manejable.
Los abismos de misterio se tragan lo visible.
Las miradas y silencios se cruzan levitando.
Los árboles se licuan en vapores que bostezan.
Las energías se entremezclan, las ondas vibran,
y mis sensaciones se derriten por esto.
El viento es un grito que se expande. Todo ruge,
todo choca en el espacio y se altera,
todo baila con su contrario.
-se deforma el mundo en juegos de espejos doblados-
Estoy enajenado.
Me alienan las impresiones.
Todo me asombra y me sacude,
y se estremecen todos los nervios de mi cuerpo.
Recibo sucesos e interacciones de súbito,
y me ilumino de pensamientos e imagenes,
que se multiplican y se deforman para dentro,
y se van degradando hasta convertirse en olvido.
Recibo conexiones, y transferencias,
y mi intuición vibra, y nacen brotando palabras.
Todo se almacena en la flor de mi memoria,
nada descarto, nada descuido,
todo me interesa.
Mis ojos alucinan.
Vibran con la belleza del mundo.
Restallan en música como cuerdas tensas.
Se expanden y contraen en corrientes de luz,
y me hacen estremecerme del espanto de estar vivo.
Cuanto veo es un milagro.
Cuanto oigo, una delicia para mis oídos.
La risa de la madre y el niño que cruzan son magia.
No me creo lo que veo, estoy absorto, exhausto,
aturdido por el espectáculo incierto del mundo.
Vago con mis sensaciones inflamadas por la vida,
con la conciencia terrible de estar aquí,
en este escenario abstracto y visible,
aquí, espiral de devenir, horrible abismo.
Vago, y me abandono al encuentro casual...
¡Tan solo denme la sustancia suficiente para un sueño!
Mezclo realidad y sueño.
Camino por la calle recta y asfaltada
y siento la perfecta interrelación de todo.
Me asombra la simetría heterogénea del conjunto;
la regularidad caótica de todo lo que puedo ver.
-Toda la ciudad se me despedaza en fractales-
Aquellos faroles que flotan tras los tejados
dibujan el brillo de un mapa sublime y cifrado,
y cientos de jeroglíficos rotos forman las calles,
ordenándose en un monótono caos de movimiento.
Veo los relieves y las perspectivas,
y todo se alterna, y se sucede,
y cambia por los ejes del tiempo,
mutante, multiforme, enrevesado,
aparentemente comprensible,
inaccesible, hirviendo de vida,
transmutándose en muerte.
Por las calles,
miles de realidades y pensamientos se superponen.
Ángulos agudos de colores oblicuos bailan entre-cabezas,
Remolinos de tiempo y de cristal deliran bajo los cielos,
Partículas de piel muerta flotan por el seno claro del aire,
monstruosos filamentos de ébano caen sobre los hombres,
arrastrándolos como muñecos ciegos hacia su destino,
arrastrándolos como carne manejable.
Los abismos de misterio se tragan lo visible.
Las miradas y silencios se cruzan levitando.
Los árboles se licuan en vapores que bostezan.
Las energías se entremezclan, las ondas vibran,
y mis sensaciones se derriten por esto.
El viento es un grito que se expande. Todo ruge,
todo choca en el espacio y se altera,
todo baila con su contrario.
-se deforma el mundo en juegos de espejos doblados-
Estoy enajenado.
Me alienan las impresiones.
Todo me asombra y me sacude,
y se estremecen todos los nervios de mi cuerpo.
Recibo sucesos e interacciones de súbito,
y me ilumino de pensamientos e imagenes,
que se multiplican y se deforman para dentro,
y se van degradando hasta convertirse en olvido.
Recibo conexiones, y transferencias,
y mi intuición vibra, y nacen brotando palabras.
Todo se almacena en la flor de mi memoria,
nada descarto, nada descuido,
todo me interesa.
Mis ojos alucinan.
Vibran con la belleza del mundo.
Restallan en música como cuerdas tensas.
Se expanden y contraen en corrientes de luz,
y me hacen estremecerme del espanto de estar vivo.
Cuanto veo es un milagro.
Cuanto oigo, una delicia para mis oídos.
La risa de la madre y el niño que cruzan son magia.
No me creo lo que veo, estoy absorto, exhausto,
aturdido por el espectáculo incierto del mundo.
Vago con mis sensaciones inflamadas por la vida,
con la conciencia terrible de estar aquí,
en este escenario abstracto y visible,
aquí, espiral de devenir, horrible abismo.
Vago, y me abandono al encuentro casual...
¡Tan solo denme la sustancia suficiente para un sueño!