Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
creo sin saber ya en lo que creo,que me he vuelto reo de las caricias
que me regalaste y que germinan en
mi piel como esperanzas pues te busco
en cada noche,
en las líneas y el perfil del techo
o la luz que pasa atreves de la cortina,
al lado del camino de mi mano debajo
de las sábanas o por encima de la almohada
y en cada imagen veo tu piel de leche salpicada
con los te quieros que esas tarde a tu lado ocuparon
el lugar de los lunares,
de los luceros,
de los juegos de artificio,
perdona cariño si solo veo la desnudes de tu piel
pues te veo como más me gustas,
acaso cubriéndote con mimos de mis manos,
con las palabras de mi alma que puse en tus oídos,
con la ilusión de que te quedaras a mi lado hasta
que te inventara nuevos verbos que cubrieran
en tu alma la desnudes que no era mucha y
la de tu piel que era tanta que aún la exploro cada noche,
no sé cómo olvidarte,
y que conste que he inventado nuevas formas,
nuevos besos, otros brazos, muchos trazos,
más desdichas y de nuevo olvidos que de nada valen,
pues siempre regreso a tus brazos.
. 3.8.11 en una tarde recordando que tengo que por su propia prescripción tengo que olvidarle.
Nota 1. En un circo; ¿señorita, su novio es celoso? No caballero, es el payaso
Nota 2. Qué fui en ti, una tarde, dos tardes, unas manos, un deseo cumplido, un pasatiempo que cómo rompecabezas ha cumplido.
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